viernes, 11 de noviembre de 2011

Estoy vivo

Estoy vivo y sigo con lo mío. Meses han pasado desde la última vez que hice una entrada.

A lo mío sigo, escuchando lo que no sabré tocar, leyendo lo que no podré crear y fumando lo que no me dejará vivir. Y bien bonito que es. Coño!!!

Lo hecho, hecho está. No tiene remedio y el que se crea ilusiones recordando viejos tiempos, que  obviamente fueron mejores, es gilipollas.

viernes, 22 de julio de 2011

Que pena.

Jamás habría apostado a que el próximo fuera él. Aaaiiiss que penita.

http://www.europapress.es/cultura/musica-00129/noticia-fallece-rober-cantante-guitarrista-porretas-20110722132354.html

viernes, 1 de julio de 2011

Ahí donde había alguien

Cuando a un hombre le dejan solo en su casa, cuando el sol comienza a romper la noche, con un calor terrible, delante de una botella de ginebra, piensa.

Los contenidos del pensamiento van cambiando continuamente y son de índole negra o blanca, según desde el que aspecto se mire. ¿Moreno qué es? ¿Blanco oscuro o negro claro? Lo que es evidente es que ya está saliendo el sol y tengo mucho sueño.

Esto pasa por encender el ordenador a horas intempestivas, sin lugar a dudas. Pero es una costumbre adquirida ya hace algún tiempo; aunque las razones por las que nació no estén del todo claras. Alguna de ella podría deberse a algún tipo de conexión profunda desconectada recientemente o bien por el mero gusto de comparar la vida con trocitos de Música. Quizás, por esta noche, prefiera engañarte un poquito y quedarme con la segunda.

En el atardecer, dicen, que las cosas, durante un ratito muy corto, se ven con un color especial. Bueno, puede que sea verdad. Pero es más cierto aún que durante el amanecer las cosas sí se ven de otra manera. Tal vez sea por culpa de esa pesada compañía que hace el alcohol mucho rato después de haber salido de los garitos, tal vez sea por la privación del sueño; a estas horas se acumula mucho, tal vez porque ahí sí que estabas en tu sitio. ¡Y eso que no esperaba encontrarme contigo, demonios!

El caso es que ya no estás. Evidentemente por algo que no hice como debía hacer. Pero no me gusta respetar los protocolos, siempre pienso que son normas, que hay que saltárselas, que se puede vivir sin ellas, que no son necesarias para nada, que tú lo habías pillado como yo.

Vaya berenjenal en el que me estoy metiendo. Es como asaltar a una tipa en un bar cubata en mano, pero sin subidón. (Esto no lo tengo comprobado, voy dando palos de ciego, borracho, y es lo que dicen).

No es que hoy me haya puesto nostálgico. No, nada de eso; lo llevo haciendo desde hace bastante. Pero hasta hoy no había visto la opción de materializarlo. Demonios, en medio de este caos comienza a dibujarse lo que pienso. Parece mentira, leñe.

Cerremos el asunto ya. Que va siendo hora. En mi oficina las tardes son muy largas, en mi casa las copas ya no están tan frías, la música se muere sino se comparte y yo no me despierto resacoso y me da por hacerme fotos con destinatario. Esto bien podría parecerse a uno de esos terribles nudos que aparecen en los cables pero no veo la puntita de la que no se debe tirar. No serviría para nada encontrarla, pero me distraería bastante.

jueves, 30 de junio de 2011

Joder

Pues va a ser que esta vez no ha podido ser. Hasta por lo menos el 2 de septiembre no seré ITI. Demonios. A cambio me he comprado unas gafas nuevas. Y sí, hacen mucho espejo.

viernes, 24 de junio de 2011

La primera batalla

La primera batalla, la enésima más bien, la he perdido. Pero con mi 4,3 iré al infierno de la reclamación donde mi habilidosa lengua dará todo el placer que sea necesario y, colmado de marisco, venceré la guerra.

Ahí queda eso.

martes, 21 de junio de 2011

Corre que no llegas

Las 5 de la tarde de un domingo. Un sol que fundiría el cerebro a cualquiera. Es el momento de montarse en el coche, buscar entre los 7 cds que estan puestos el que contiene más música de Iron Maiden, porque se hace tarde y aunque esté mal había que correr bastante. Además la carretera estaría vacía y se prestaría a ello gustosamente.

Efectivamente, no había ni alma viva en la calle y el coche llegó hasta su destino, desconocido completamente, deprisa y sin incidentes. Para mayor alegría se aparcó justo en frente del punto escogido. Dejé el coche al sol y me bajé a estirar las piernas. Dichosa la camiseta de AC/DC, no es compatible con el verano.

Media hora de paseo rodeando una diminuta plaza entre paradas de autobús al sol, es más que suficiente para todo el verano. Establecido ese punto, el coche arrancó y con más calma llegó hasta la puerta de la oficina. El tiempo no se puede perder dando vueltas a lo tonto.

jueves, 2 de junio de 2011

Al salir del bar

Una calle vacía, muchos coches aparcados a los lados, árboles junto a ellos, la puerta de un bar que cierra y personas que huyen a lo lejos. Dos canallas se quedan rezagados al abrigo de un portal.

Uno busca las llaves de su casa en el bolsillo de la chupa. Mientras pone cara de disimulo. Felicidad. Están ahí, donde las dejó, justo por si las necesita. Menos mal, ha mandado limpiarla, está bastante decentilla. Hay que aprovecharlo.

Comienzan a andar, pasitos cortos, sin prisa, sin intención de llegar a ningún lado. La calle es larga. Ya no se ve a nadie. Un descampado a lo lejos. Un edificio extraño en medio de mediana. La mente puesta en la mano. Al menor roce se aprietan los dedos un poco. Si no se mueve nada dentro, se aprieta un poco más. Ese es el plan. El alcohol viene en su ayuda. Los lanza uno contra el otro.

Hay que cruzar la calle. Maldito semáforo. Son 4 carriles, en mitad de la noche. No pasa nadie, no se oyen coches. Se paran a que se ponga en verde. Esperan pacientemente. Conversa uno frente al otro. Hablan muy bajito. No se oyen y se acercan más. Se cansan de estar parados y cruzan hasta la mediana dos de los carriles. Vuelta a empezar. Esta vez, ya no saben ni qué decir, un par de miraditas, un par de sonrisas de medio lado y ya, por fin, se besan. Lo podrían haber hecho en el puñetero portal.

Comienzan a ahogarse, saben que les van a doler los labios dentro de poco y necesitan parar. Aprovechan el receso para acercar las frentes y cuchichear. El tipo le dice a la otra que su casa está cerca, que vayan a beber. La calle está vacía, no se dicen nada pero cruzan hasta el otro lado.

Le responde que está de acuerdo, pero que tiene que ser una rápida, que tiene que volver a casa pronto para estudiar al día siguiente. El contempla la luna llena y le dice que claro. Los árboles se agitaban con fuerza y tenía pinta de que iba a haber una gran tormenta.

En la puerta de casa, él, muy orgulloso le dice, ven que te enseño la casa. Aquí está el salón. Aquí la cocina. Aquí el baño. Y aquí mi cama. Estoy encantado con ella, es muy cómoda y muy grande. Se sientan los dos, uno junto al otro, en el borde de la cama. Muy muy juntitos se comienzan a mirar. Al principio se besan como con vergüenza, pero poco a poco eso desaparece, la pasión hace presencia en el cuarto y follan como si se acabara el mundo.

Al día siguiente, rato después de que hubiera salido el sol, salen de la cama y desayunan tranquilamente. Se despiden en la boca de metro más cercana y no se vuelven a ver en la vida.

lunes, 30 de mayo de 2011

Cansancio

Estoy casando de esperar a que todo vuelva a ser como antes, a que me vuelvas a sonreír como el primer día, a que tus palabras me mimasen tanto como tenían por costumbre, a que tus miradas me hipnotizaran como solían hacerlo.

Cierro los ojos y entiendo que todo eso no volverá. Que soy idiota esperando frente a ti. Algo, seguramente parecido a una catástrofe nuclear, me desalojó de tu lado en tu conciencia y abandonó una sombra de lo que eras en mi mente. Ya no soy capaz de acordarme de ti si no leo las cosas que te decía en los mails nocturnos llenos de premeditación alcohólica.

Me pregunto por qué todos esos sueños que tenía de viajes y aventuras se han infectado de un parásito que solo segrega desconfianza y abono para que nazca la verdad sobre las falsas esperanzas. Esos pajaritos que habitaban solo en mi cabeza que me hacían tan sumamente feliz, esos que no llenaban solamente mis mañanas y mis noches como si fueran entes distintos. No, con sus diminutas patitas tiraban de las mañanas y las arrastraban hasta que besaban a las noches. Convertían ratos maravillosos en días inimitables. ¿Por qué no les echaste el alpiste cuando te pedí que lo hicieras? ¡Yo no podía hacerlo! Se han muerto de hambre.

¿Dónde ha quedado el horizonte aquel infinito que teníamos delante? ¿Por qué se ha convertido en una cuerda tensa que alcanzo a tocar con la mano?

Están muy lejos ya aquellos maravillosos días nocturnos en los que nos saltábamos la hora de ir a la cama para hacer más largo el historial de la conversación, para que no fuera por falta de líneas, para que nadie dijera que no nos conocíamos.

Me miro en el espejo y ya no me parezco a mí, parezco un esqueleto, un moribundo, un rastro, una insinuación de lo que habías llegado a sacar de mí. Todo eso se ha perdido, quizás puedas recuperarlo, bien sabes que eres la única persona que puede hacerlo.

No me gusta lo que veo en ti, antes eras mucho mejor, mucho más alegre, mucho más amable, mucho más generosa. Ahora eres mucho más avara, mucho más borde, mucho más triste, mucho peor.

A la luz de la luna me asomo a un lago y en mi reflejo veo, junto a mi calavera, tu carita, tan lozana como siempre, tan contenta como siempre. Me doy la vuelta y solo me encuentro una loba, tiene hambre y me enseña los dientes. Hoy no tengo más carne en el cuerpo, así que cuando lo entiende se da la vuelta y se va.

Una extraña me está mirando en medio de una cervecería pero no entiendo que querrá de mí. Seguramente sacarme el último jugo que me queda. A lo mejor ni siquiera. Seguramente me vio aparcando, alabará la maestría con la que lo meto en el agujero. Con ese mimo, ese cuidado, ese saber esperar hasta que está a punto de tocarse y alejarse un poco. Y el volver a empezar, un par de veces más. Solo hasta que esté tan dentro que parezca uno con el hueco.

Te escucho decir mi nombre y no me lo creo. Hago bien porque me lo he inventado. Nadie me estaba llamando, en mi cama, en mi casa, estoy yo solo. Nadie más está compartiendo la espera frente a ti. Solamente yo, espero de pie, a que gires la cabeza y me veas. No te asustes cuando lo hagas que, aunque no lo recuerdes ya, ese soy yo. Han cambiado las cosas bastante, pero en el fondo seguro que sabes encontrarme de nuevo.

lunes, 23 de mayo de 2011

La sala de espera del hospital

Llego, tomo asiento y miro con desprecio a los que moribundos que me rodean. Soy claramente mejor que ellos y creo que aún puedo fumar unos años más.

Mas eso no es lo más resultón de todo. No. Lo mejor es que he encendido el Shazam y me dicho que estaba en la sala de espera de un hospital.

Corre que chilla mucho y es un cansao

Ha comenzado la huida a ninguna parte. Poco a poco irán desapareciendo imágenes conocidas para dar paso a otras nuevas y extrañas ante los ojos. Todo está justificado, todo tiene una razón. Hay que dejar de correr en círculos, salir por la tangente y si el sentido es hacia un barranco mejor que mejor. Pero es que todo estaba en llamas, hoy no se podía aprovechar nada de lo que ahí se ha dejado. Correr en busca de otra cosa era la única opción por el momento. Ahora disfrutar del vientecillo y pensar en el camino que hay que recorrer. ¿Quién sabe si de ese camino saldrá algo aprovechable? Lo más probable es que sí que salga algo aprovechable muy pronto. Hoy hay que dejar el vicio, de momento.

Nadie lo puede saber. Pero en las cenizas que se han quedado atrás siempre quedará un rescoldo alegre de la lumbre que iluminaba las noches. Esa lumbre fue rociada con gasolina para ver cuanta luz podía llegar a dar. Fue demasiada claridad y hacía daño en los ojos. Ahora los pobres ven manchitas negras impresas sobre el mundo. Así que no se puede esperar ni un minuto más, hoy es el día para empezar a cuidarse.

Nadie se trajo la gasolina de casa, apareció el bidón flotando por el aire y él solito se inclinó y repartió gasolina sobre el fuego hasta que se vació completamente. No dejaban de ser 5 litros de gasolina pero lo pagaba algún cabrón misterioso. No se sabrá nunca quién fue ese representante del deseo pero hay quien lo puede intuir, muy a pesar de haber abandonado su arma de precisión libre de toda razón para haberse quitado la venda de los ojos y haber atacado premeditadamente. Su inconfundible obra se ve a la legua.

Pero el problema no estaba en que la lumbre se hubiera puesto un poco más brava de la cuenta. El problema era una cuestión de preferencias. No ser capaz de ver la sombra que veía de uno el resto de la lumbre a la luz del fuego es lo que desmadró aquello. Y, claro, como no se podía ver solo quedaba la opción de escuchar lo que te contaban el resto que veían. Pero eso, con el paso de los días, se mostraba tan irreal y falto de espíritu para ser verdad que se pudría.

Las descripciones si son sinceras pueden ser dolorosas; la solución para no mentir y no herir está en que todo sea simétrico. Uno se suelta algo amargo, el otro responde con algo igualmente amargo. Eso sí, las cosas no son ni como son, ni como nos las cuentan, ni como las vemos. Son como las sentimos pero es que el órgano de sentir no mira ni escucha a lo que le rodea. Solo es capaz de chillar como un gorrinillo recién nacido. Así que hacerle entender que las cosas no eran realmente como las leía ha sido complicado.

En el momento en que se calibre, madure, correctamente y sea capaz de sentir las cosas como se crean para él y no como le salga de la polla verlas todo será mejor. Parece una tarea titánica y lo es. Pero se puede simplificar mucho si se le coge de la mano y día a día se le enseña que cuando llega el momento de ver las cosas en su contexto son como se describieron en su día. Simplemente eso, sin excusas.

Eso que es más complicado que correr parece mucho mejor. Obviamente lo es pero es que lejos de ver las cosas materializadas tal cual las describieron, las encontró el pobre completamente al revés y sin explicación alguna. Y el tiempo ha pasado y el pobre está gritando muchísimo porque no entiende tanto “esto no es así”. Es insoportable así que hay que sacarlo de ahí corriendo. Se calmará y aprenderá a saber a qué atenerse y conocer donde está su sitio; que no es ni de lejos el que entendió que ocuparía.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Los sueños molan, pero mola más echar un polvo.

De madrugada, aún cuando el sol no había salido, una pareja viajaba por un puerto de montaña. Aún era de noche, pero quedaba muy poco para que saliera el sol y había que darse mucha prisa, así que él aceleró un poco más. Habían huido de la inmensa urbe para contemplar aquellos acantilados de piedra sobre los que el coche había comenzado a ganar altura muy deprisa. Mientras ella dormía tapada con una manta a su lado, él se encontraba muy espabilado para haber estado conduciendo toda la noche y no podía dejar de pensar en lo feliz que era.

Por fin, la cima del puerto apareció ante sus ojos y el pequeño mirador, tal y como estaba previsto, estaba vacío. Paró suavemente el coche y le dio un besito en la mejilla para que despertara. Así lo hizo y ella le devolvió el beso a él. Bajaron y se sentaron en el suelo apoyados en el coche; tapados con la manta porque aún hacía fresco. Cumplieron el cometido de aquel viaje, vieron salir el sol por encima de las montañas. Pero no tenían ninguna prisa y dejaron que subiera bastante, sin moverse un solo centímetro. Para cualquiera que los hubiera visto parecería una eternidad, pero para ellos no fueron más que unos minutitos. Lo que fue eterno fue el tiempo que tardaron en colocarse, ella acurrucadita sobre él. Él apoyadito sobre ella, rodeándola con su brazo.

Realmente no había mucho silencio, pero era bastante para que no se perdieran ni el más mínimo detalle. Solo se oía el ruido del vientecillo que agitaba las hojas de los árboles del valle, las gotas de aceite que caían calientes dentro del bloque del motor del coche y algún que otro pajarillo. Pero eso no les importaba, es verdad que los ojos estaban ociosos contemplando, pero los oídos tenían cosas que hacer, tenían que escuchar sus latidos, ver si era posible que de una vez fueran como uno solo.

No hubo manera, aquellos dos no podían formar parte de una misma banda de rock. Entre ellos, no solamente no iban a la vez, si no que ni siquiera entre ambos surgía un ritmo duradero. Es verdad que a veces, durante algunos minutos parecía que aquello empezaba a funcionar, pero en seguida se veía que no era más que un espejismo.

Él, desanimado por la realidad, cansado por el esfuerzo de toda una noche en vela, se sintió vencido y le pidió que bajaran al valle, a buscar una cama para dormir. Pero ella le miró muy fijamente a los ojos durante un instante que parecía un siglo y le besó. Así comenzaron a juntarse más aún hasta que echaron un polvo. Y no fue más que eso porque en el ambiente se respiraba el olor de otra persona. No estaba presente pero él lo intuía y ella lo buscaba con cada movimiento, lo llamaba con cada gemido. Cuando terminaron, como siempre, hubo un largo abrazo de rigor, un puñado de besitos y miradas y sonrisas a granel. Pero en el fondo sabían que era hasta ahí a lo más alto que podían aspirar a llegar juntos y que tarde o temprano sería mejor volver al mundo real.

Él, sin la prisa de tener que llegar a tiempo a ningún sitio, descendió hasta el pueblo más cercano con paciencia disfrutando del silencio sepulcral que se había levantado entre los dos. Le permitía pensar con claridad. Paró frente al primer hotelillo más o menos decente que vio.

En la habitación había camas separadas. Pero él que sabía que no tenían mucho más margen de maniobra en la recepción del hotel le dijo a ella: “Échame una mano para juntarlas, nena”. Ni falta que hacía decir nada más. Ambos habían entendido que quizás no podrían juntarse y escuchar una balada perfecta a base de latidos, pero que se querían mucho igualmente y que en el mundo ya hay música suficiente para los dos. Y no dejará de hacerse nueva, nunca. Además, en la mente siempre quedará sitio para imaginarse esa balada perfecta a base de sueños que ninguno había escuchado jamás; por lo que así tampoco están renunciando a absolutamente nada. Ahora bien, de lo que no andaba sobrado el mundo era de personas con las que salir huyendo cualquier día, a cualquier sitio y pasar tan buenos ratos como el de esa mañana, al fin y al cabo se querían (aunque podrían quererse más) y se hacían felices el uno al otro día tras día.

lunes, 16 de mayo de 2011

Qué cabrón!

Aquí conmigo hoy está un tipo que no comprende muchas cosas de las que le pasan a su alrededor. ¿Como a todos no?

Ahora está haciéndome cavilar acerca de las muchachas. Interesante tema para una noche de copas entre caballeros, sin duda. Se cumplen aniversarios importantes, dignos de recordar y llorar pero la verdad es que eso llena bastante más que los hielos las copas. Así que picado por la exquisita conversación, comienza la aventura de conocer una auténtica historia llena de desengaño. Según me va contando va apareciendo sobre el borrador, en algún momento le tendré que dar una vuelta. O no, lo mismo se queda al natural. Ya veremos.

Me cuenta que hace tiempo, bastante tiempo, conoció a una muchacha bastante guapa en algún sitio perdido en mitad de la nada. Para luego reírse de eso de que el amor se encuentra cuando dejas de buscarlo. Ciertamente él hacía como que no lo buscaba. Se pensó de hecho que con su audaz artimaña de no darle importancia al tema había engañado al puto Karma.

Así, como quien no quiere la cosa, le empezó a dedicar muy “desinteresadamente” tiempo a las chorradas esas que le contaba la paisana sobre sus cosas. La verdad es que a veces los tipos damos vueltas muy absurdas para meterla. Con lo fácil que es. Pero bueno, digamos que tuvo un día tonto el pobre y que estas cosas le pueden pasar a cualquiera. Poco a poco su desgracia se iba fraguando a través de diminutas conversaciones al otro lado del tercio. Despacito y con buena letra la muy arpía, que buscaba lo mismo que él, con la salvedad de que no tenía rabo, claro, ya me entendéis; fue poniendo pequeñas dosis de droga en sus palabras. Ni siquiera el aquí de cuerpo presente lo notaba. Pero empezaba a encontrarse raro por las noches en su camita, su edredón de Zipi y Zape ya no le abrigaba tanto. Seguía teniendo frío por las noches, cada vez más intenso. Se levantaba por las mañanas y se daba cabezazos con la pared porque no había soñado con lo que le hubiera gustado. Paraba de trabajar y el muy idiota suspiraba.

Aún, por aquél entonces, no se había molestado en escuchar a sus valientes camaradas que le decían que esa tía era una perra que le estaba haciendo algo. Yo mismo se lo decía a veces. Le decía, ten cuidado. Pero no me hizo ni puto caso. Idiota, ahora me está llorando. Esa droga le había enganchado. Ya no podía hacer mucho más que reconocer que le gustaba. Incluso en público lo hizo. Y, por supuesto, se lo dijo a la mala de la película.

Ella, que sabía leer perfectamente la situación, cambió de marca de cerveza favorita. Dio un salto inmenso y pasó de alguna rubia cualquiera a la Guinness. Ni más ni menos. De la noche al día en una milésima de segundo. Y al cambiar de cerveza, cambio de aspiraciones. Ya no era divertido tomar cervezas con él, no. Era más entretenido leer sus mensajes de buenas noches en su día a día. Mucho más festivo era ver como se acumulaban uno detrás de otro sin posibilidad ni interés en su respuesta. Un día antes de escuchar como sentaba su droga, se habría esmerado durante media hora, si fuese necesario, en darle las buenas noches. Incluso antes de que él lo hiciera.

Eso era porque no había probado lo que estaba degustando ahora. Cómo de bien se lo pasaba viendo al otro correr detrás de ella. Tratarle como un yo-yo, tirarle contra el suelo, sujetarlo de la cuerdecita y en el momento preciso, con un suave movimiento de su (hay que reconocerlo) preciosa muñeca subirlo hasta su mano. Y empezar de nuevo mil veces más. Siempre con el mismo ritual, alguna sonrisa que lo tiraba contra el suelo, pequeños monosílabos que lo distraían mientras daba vueltas y, de repente, un comentario audaz y una promesa con un poco de cariño (del que solo ponen las mujeres malvadas) y vuelta a su mano.

Claro que al final pasó lo que tenía que pasar. Mi querido colega le empezaba a poner ojitos al inmenso cuchillo de cocina que adornaba el cajón de las cucharillas del café. Donde con la frente dolorida de los cabezazos hurgaba para agitar su desayuno. Las venas al fin y al cabo no valían tanto como ella. En su momento me preguntó que quizás es de donde le estaba agarrando. Ya le dije que no. Tranquilos. De ahí no era. Era de los huevos. Pero que no se los cortara tampoco, que le hacían falta para tener barbita de tres días. Así que se comenzó a centrar de salir del círculo vicioso.

Mucho tiempo ha pasado desde que empezó la cosa a ponerse fea de verdad y vivo, pero sin muchas ganas de continuar en ese curioso estado, un día llegó la hora en la que a ella, por fin se le fue la mano y no quedaba energía en el yo-yo para que llegara hasta arriba. Lo cierto es que ella se esmeró en recoger la cuerda, con cariño y con dulzura le apretó suavemente los huevecillos en su manita derecha. Pero estuvo rápido y se escapó de aquello. Es verdad que no podía salir corriendo (joder, por algo se dice aquello de coger por los huevos). También es verdad que a veces, cuando suavemente movía los deditos no quería irse, pero tenía mucha fuerza de voluntad y para demostrarlo, dejó de fumar mientras huía de sus garras.

Al final, fue normalizando la situación, al principio eran cambios muy sutiles, pero poco a poco ella misma se dio cuenta sola de que ya no tenía juguete. Ni siquiera un perrito faldero para dar una patadita de vez en cuando. No. Era una putada. Además comprendió que no se había comportado correctamente. No haberle mostrado realmente su escala de preferencias con una equis roja y muy grande en ella con su sitio lo había estropeado todo. Y comenzó a añorarle porque era muy divertido, entre otras cosas. (Todo esto lo sabe porque una cosa es estar dolido y otra ser orgulloso, al diablo también hay que escucharle).

Ahora ya ni se mirarían si se encontraran por la calle. Es un error, ambos han aprendido la lección y deberían probar de nuevo. El Karma es un cabrón que sabe lo que piensas cuando haces algo. Si no lo tienes en cuenta, su castigo será inmenso. Porque no se conformará con joderte como es habitual. No. Te va a dar por el culo porque le has intentado engañar.

viernes, 13 de mayo de 2011

Declaración de intenciones

A veces cuesta encontrar las palabras adecuadas para decir las cosas importantes. La verdad es que es una lástima, pero es muy común que los medios fallen cuando más se les necesita. Pasa absolutamente con todo. Obviamente, esta no iba a ser una excepción y no tengo muy claro como decirte lo que tienes que saber.

Acostumbrado a intentar, sin éxito, ser elegante, a no decir las cosas violentas directamente pero tampoco a callármelas me siento muy fuera de lugar en esta ocasión. Así que antes de empezar ten en cuenta que lo siento muchísimo porque sé que todo lo que empieza ahora es una putada.

Te quiero. Lo cual no sé si te sorprende o no, eso lo sabes tú. Hoy, ahora, estoy echando el resto sin tener ni una sola carta decente en la mano. Voy con lo puesto a perderlo todo si es necesario. Eso será tú decisión, desde luego yo juego para ganar y si no puede ser, para no perder y quedarme como estoy ahora. Apostar tanto por algo no tan grande, pensarás que es una locura, pero sé que sabrás qué es lo que tienes que hacer a partir de ahora, elegirás bien y yo me quedaré mucho más a gusto. Es evidente que eres mucho más madura que yo y que no perderás los nervios con esto. También sé que cambie lo que cambie mañana serás capaz de arreglar el estropicio que estoy montando hoy. En tus manos lo dejo.

No hubiera dicho esto jamás a esto si no fuera porque creo que tensar la cuerda tanto no me lleva, nos lleva por el buen camino. Pero lo excepcional de las circunstancias no me deja más remedio. He sido un tipo con un mundo muy grande a su alrededor que lo ha gestionado siempre como le ha venido en gana y siempre ha estado encantado con ello. Pero desde que el tiempo ha ido pasando, desde que nos conocimos, poquito a poquito, muy despacio, con mucho cuidado todo se ha ido derrumbando a mi alrededor. Como si de una demolición a cámara superlenta se tratase, todo se ha caído. Las pequeñas y concentradas explosiones han hecho su trabajo y ya no me queda ningún pilar al que agarrarme. Bajo mis pies, el césped ha desaparecido y solo quedan muchos escombros que tendré que reciclar con mucha calma, trocito a trocito.

Me siento alienado por dentro completamente y no sé porqué he permitido esto, pero he perdido ese egoísmo natural que vive en cada uno de nosotros. No quedaba sitio para él en mí. Todo está lleno de ti. Y ahora, sin él, ando vagando por un mundo que ya no me llena nada. Conduzco despacito, me cuido, como bien, bebo menos, haré ejercicio pronto... Inexplicablemente quiero perdurar en el tiempo mucho para seguir disfrutando de ti, aunque no sea como quiero.

Así como están las cosas puedes (tienes que) hacer conmigo lo que quieras porque, sinceramente, ya no puedo cuidarme. La verdad es que eres muy buena y lo harás estupendamente. Esto último no te lo tendría que haber dicho jamás, se les dice a los mejores amigos, no a las partes interesadas. De hecho, cuando te miro así, veo lo jodido de todo esto y alcanzo a entender que pase lo que pase no debemos echarnos a perder por las buenas.

Tú me dirás.

martes, 10 de mayo de 2011

Micropánino al Metropolitano

A veces un simple ruido, un mal gesto, un cambio brusco de temperatura, una bebida caliente, un sabor nuevo, un poco dr ejercicio, un mal día, que haya mucha gente, que haya poca gente, una imagen desagradable o un acorde inquietante son algunas de las cosas que pueden dar pánico.

Sin duda, una de las pocas que lo quitan es un cariñoso abrazo tuyo.

jejejeje, lo siento, no me cabía en twitter.

lunes, 9 de mayo de 2011

Una cartita


Querida mejor amiga:


No me parece correcto haber dejado pasar tanto el tiempo antes de comentarte todo lo que te quiero, nena. Pero no solamente te quiero como se quieren a las muchachas que conoces por internet. Dicho de otra manera, para esparcir por las sábanas la esencia del amor me quedas muy lejos, aunque eso no lo tengo muy claro, supongo que será una cuestión de derroche de recursos. Sino para pasarlo de puta madre comparando la vida con la música creo que vas de vicio y eso es lo importante. 

Qué fácil es coger cariño cuando te sacan de dentro lo mejor que se puede sacar a distancia. Es verdad que no necesariamente es lo más blanco, aromático, esencial, concentrado y lleno de millones de diminutas medias vidas combinables. Pero tiene su aquél. Y, ¡ojo! Que sea fácil no significa que haya sido muy rápido. Más bien al contrario, 84 días largos ha durado de momento y salvo sorpresa durará más aún. 

Según vosotras lo que merece la pena está bien hecho si dura unos 5 minutos. Nosotros lo preferimos que dure alrededor de 3. Bueno, es un problema que no tenemos tú y yo, eh? Desde luego aquí cada uno se corre cuando le viene en gana, que para eso está en su puta casa.

Y retomando, muy burdamente, el tema de que durará más aún nos vamos a ahorrar muchos ratos de paseos moñas por el parque llenos de miraditas y chorradas del palo. A quién le puede gustar esa mierda?

Oh síí!!! Desde luego que son una puta pérdida de tiempo, pudiendo tener los morros ocupados con unos litros bien fresquitos y discusiones acerca de quién puede ser el mejor vocalista del heavy metal sin olvidar el tabaco, quien quiere tener una cosa que te babea, cambia de tamaño y de vez en cuando te escupe, incluso en la boca? Desde luego es mucho mejor aquél plan que tenemos preconcebido. O no? Y esto quiero que me lo digas tú, chata. 

Y la cantidad de ejercicio físico que nos ahorramos al prescindir de los rácanos orgasmos de los amantes. Con lo bien que se está en la calle las noches de verano, que ya va llegando, desperdiciarlas jodiendo en vez de pasarlas en un césped no tiene precio. Por mucho aire acondicionado que sople sobre tantas partes empapadas de lubricante ecológico.

Creo que hemos alcanzado una postura muy razonable con este tema. Y debo felicitarte, porque es gracias a ti. Que a mí me gusta mucho eso de tirar de la cuerda hasta que se rompe. Bueno esta romperse no se rompería, como mucho se pondría del color de una cereza, pero eso tampoco sería muy problemático. Quiero decir, que las cosas podrían ponerse rojas y mojadas un par de horas pero que luego todo sería correcto, que somos mayorcitos, coño! Ahora bien, mejor no tentar a la suerte, que, como he dicho antes, todo está muy bien. 

Con todo este rollo creo que te puedo dar una idea de varias cosas a la vez, no?

Puesto aquí esto, ahora llega el momento de repartir envidias, aunque sea por el mero hecho de que nos ahorremos un pico en gomas ideal para invertir en copas.


Besicos. 

viernes, 6 de mayo de 2011

Bailando baladas sin música


En mitad de una habitación completamente a oscuras un par de personas, cada una con su sexo, retozan en ropa interior sobre la cama. Uno sobre el otro se dedican a morderse los labios, a cambiarse las lenguas, a morderse en el cuello y a acariciar la piel ajena como no lo hacen con la suya.

Cada vez pasan más tiempo pegados, ya no se separan ni para respirar, eso es secundario, lo importante es besar, besar mucho, besar en muchos sitios distintos, chupar la mitad ácida mitad salada piel hasta que la lengua esté completamente seca. Y, por supuesto, volver a empaparla en la boca del otro.

Pero todo esto no se convierte en una rutina, cada ciclo añade una novedad al anterior, unas veces se va más lejos de la estación base, incluso hasta la planta del pie, otras, de repente desaparece otra pieza del conjunto y ya hay cosas nuevas que hacer. Como la vez que aparecen los pezones duros y suaves como guijarros de un río, parece que siempre han sido parte de la boca de él. Lo cierto es que se entienden perfectamente con la presión de su boca, con el esmalte de sus dientes, con las cositas esas que hacen rugosita la lengua. Y, desde luego, con la saliva, ese prodigioso invento del cuerpo que hace que se escurran todos los tipos de la misma piel que habita en un cuerpo.

Las manos de hombre que sujetan ambas tetas las aprietan sucesivas veces. Desde fuera podría parecer que no existe ningún tipo de ritmo, pero todo está perfectamente sincronizado con los ruiditos, con la boca y con las miradas pícaras que se intuyen por el resplandor de las tinieblas en las pupilas. De repente la orquesta hace un descanso, deja lo que estaba haciendo y se pone a descender suave y lentamente, llenando de besos el eje del cuerpo. Solo se detiene para que la curiosa lengua inspeccione el ombligo. Lo hace porque le contaron que ahí se encontrada el centro de gravedad. Ese que da tantos problemas porque el muy mamón se esconde para que los problemas de mecánica no sean evidentes.  Continúa el descenso, a un ritmo mucho más vertiginoso, ya no queda tiempo prácticamente para nada. Solo para quitar el último pedazo de ropa y aprovechar para apreciar las caderas como debe hacerse, como si dejar el rosado sexo al descubierto fuera secundario.

Lo cierto es que podría parecer que aquella parte tan resguardada va a ser objeto de un festín como si de un filete de los gordos se tratase. Pero no, esa no es la intención. Por eso primero toca dar un paseo por la cara interna de los muslos, degustar el calor que se desprende de la inmensa cantidad de sangre acumulada por el cuerpo ahí. Disfrutar del olor único de cada mujer, la memoria que mejor funciona es la que relaciona los recuerdos con los olores. Hay que aprovecharlo, las cosas que son así no se deben olvidar. Pero tampoco es plan de que se duerman ahí, ahora que las cosas se ponen serias.

Por eso él sube lentamente, a besitos, como si se tratase de los pasos de un niño, los va clavando en el suelo, en las ingles. Pero la lengua está impaciente y a veces no sabe esperar de tal manera que comienza a rastrear la húmeda entrada, primero baja por un lado, luego sube por el otro, realiza el camino inverso, se detiene, se asoma a la caverna y poseída completamente empieza a buscar algo, sabe que ahí no está, pero se hace la remolona. ¿Qué urgencia hay? Ninguna, así que cuando está cansada de pasearse se pone, por fin, seria y trepa hasta su compañero. Ni se ven, ni se huelen, ni se oyen. Pero se han sentido, su amigo del alma está impaciente, se ha estirado, se ha endurecido y espera sus caricias.

La lengua comienza con el ritual, empieza tirando de él desde abajo muy suavemente, con mucha dulzura, tapados en la boca, con los dientes resignados a mirar la danza el clítoris y la lengua bailan al ritmo del I believe to my soul. Continúa la lengua moviéndose de un lado a otro, pero no agarra con fuerza, no. Lo hace tan finamente que cualquiera podría decir que son dos amigos que bailan para pasar el rato. Y no paran aunque las orejas empiezan a gritar que esto no puede continuar, que es un infierno, que ella está desesperada, que no se puede ser así.

De tal manera el espectáculo es digno de lástima que él, sin preguntar, sin decir nada, se decide a poner fin a todo aquello. Podría hacerlo de muchas maneras, incorporándose, huyendo, dejando que pase el frío helador de la habitación a la sala de baile. Pero eso sería ser muy cruel, no lo saben, pero esos dos no son amigos, son amantes que se quieren. Así que una pareja de dedos se transforma en brazo ejecutor y entra en la caverna para apretar por debajo. Instantes después, ahogados en una babeante masa, acaban con el circo. Él aún está entendiendo lo que ha pasado, su demencial baile con ella ha terminado con un gritito desolador.

La lengua se marcha hasta la próxima vez. Sin saber cómo, aparece en el cuello. Ahí no le queda más por hacer, así que descansa y observa tranquilamente como en un exquisito abrazo los labios besan el cuello. Y así, agarradita, la pareja piensa pacientemente que esto no ha hecho nada más que empezar.


lunes, 2 de mayo de 2011

La niña que paseaba a su perrito por el parque

¿Cómo se madura? Pues simple, a base de palos.

Esta es la historia de cómo conocí esa verdad. Aún no la he asimilado.

Antes de empezar las clases, durante el verano, no sé ni cuantos años tenía pero iba al parque a pasearme solo con mi bici (ir como un puto loco esquivando niños, mejor dicho. La velocidad es uno de mis vicios). Aún no había visto el anuncio del nuevo disco de AC/DC (Stiff Upper Lip) en la tele, no había conocido nada del mundo y me dedicaba… Bueno era un niño prematuro y me dedicaba a lo que se dedican los de 13, o al menos eso se suele decir. Ya sabéis lo que dicen al respecto.

En esas andaba cuando conocí a, uf, ni me acuerdo de su nombre, da lo mismo. Una niña que se pasaba las tardes por el parque paseando a su perrillo. Como no podía ser de otra manera, en uno de mis veloces vueltas por el parque, su perro (que no quería vivir más) probó a ver si moría bajo mi bici. No lo permití y le obligué vivir con su agonía. Así conocí a su agradecida dueña.

Qué maja la chica. Pasaban los días y me saludaba primero, después charlábamos, al principio un rato, luego toda la tarde (obviamente de gilipolleces, pero no me acuerdo de cuales). Poco a poco me di cuenta de que mi cosita encajaba en la suya, ciertamente, era guapa de cojones, así rubita y con los ojos claritos. Pero en su momento no le di mucha importancia al asunto. Los días fueron pasando y pensaba que qué raras son las niñas, se me acercaba mucho, me echaba miradas raras, de esas que te ponen cara de asombro porque los ojos te dicen que lo que oyes es muy irónico y me tocaba de una forma extraña, tiraba de mí para ver cosas en los rincones del parque y a veces me pegaba un poco, pero tampoco me hacía daño.

El verano acabó y nos despedimos para siempre, pero como se despiden los amigos. No nos hemos vuelto a ver desde aquel día. Pero siempre me acuerdo de que según nos dábamos un par de besos entendí que no era lo correcto. Había errado gravemente y había perdido la oportunidad de crecer y probar cositas nuevas.

La reflexión es que los hombres muchas veces maduramos gracias a las mujeres, será porque los genes nos hacen comenzar la vida con -2 años de edad mental o algo así. El caso es que hay que estar siempre atento a lo que pasa por alrededor y dejar de centrarse en uno mismo (literalmente).

domingo, 24 de abril de 2011

Circunstancias


Qué bonito ha sido todo mientras ha durado la ignorancia. La verdad es que no hay nada como no saber para ponerle ganas a lo que se hace. Ni de coña ha sido lo más largo, ni de coña ha sido lo más intenso, pero vaya si me lo he pasado bien. Mañana a mañana y noche a noche ha sido muy divertido reconocerse a uno mismo que es exquisito tener a quien dedicarle las minucias del día.

Ahora que todo está dicho, que todo está claro, no entiendo muy bien la razón que hace que no se me pase. Sigo estando contento. Supongo que en desconocer no se pueden poner las mismas ganas que en conocer. Podría ser que ni lo intento, podría ser que no me importa nada, podría ser que estoy acostumbrado a la mierda, podría ser que me gusta vivir de lo que pase por mi cabeza, podría ser que no me vale lo tangible, podría ser que no prefiero tocar. Lo mismo es que prefiero seguir sintiendo algo, malo o bueno, ni idea, pero es algo. La apatía es una mierda.

No está nada claro este tema, al menos no en su sentido completo. Pero sí que hay detalles que están claros. Uno de ellos, sin duda, es que estoy agradecido; es un lujo poder agarrarse al clavo que me quema y eso es gracias a ti que soplas en él para que no me duela mucho. También tengo claro que estoy agradecido porque te fíes de lo que prometo. No lo has dudado y eso da mucha confianza, eso sí que es novedoso en mi vida, eso sí que me hace feliz.

Me has demostrado que el tinglado que tenemos montado es fantástico como estaba ayer (y esta es la segunda cosa que esta clara). Y, encima, hoy estaba mejor aún. Estaba claro que no era corriente pero eso es muy fácil de decir y muy jodido de ver. Si no me has dejado romperlo ayer, hoy da la sensación de que va a durar mucho, mucho. Qué así sea.

Qué fantástico es todo esto, ¿verdad? Mañana nos espera otra brillante velada, quizás nos riamos tanto como hoy. No sé. Pero seguro que estará bien. Gracias por todo morena :)

miércoles, 20 de abril de 2011

La noche

El exquisito sonido de los escapes que rebota en la pared de atrás me revienta los oídos. Ese suave runrún que me acompañaba junto a grandes maestros como Ozzy o Dio se ha convertido en un rugido estruendoso, molesto, llamativo, lleno de diversión.

Un pequeño paseo por la calle me ayuda a aclarar las ideas antes de llegar a casa. El ascensor me enseña que esta noche no estoy contigo. Aiis el día que estés ahí se me va a poner una sonrisilla pícara.

Abro la puerta, enciendo la luz, bajo la intensidad, así es mejor. No es plan de que mis ojos pasen del verde al amarillo también por la noche. Enciendo el router, el ampli, el ordenador,… y allí estás, como todos los días. Ahora viene lo complicado, tengo que hacer un comentario agradable.  Y pienso, lo mismo la incordio, lo mismo está ocupada, lo mismo no está haciendo nada, lo mismo no quiere hablar conmigo, lo mismo molesto, lo mismo está deseosa de que le cuente mi día, lo mismo está hablando con otro. Con otro que le gusta más que yo. No lo sé. Al lío.

No sé porqué me quitan el sueño estas cosas, realmente qué importa si después de todo este tiempo no hemos ido por ahí. Lo mismo no merece la pena insistir. Pero con la tontería van pasando las horas, se empieza hacer tarde y ninguno de los dos nos vamos a dormir. La conversación se alarga y poco a poco pasa de los temas más banales a los más personales. Sin remedio todas las noches son así. Llega la hora de meterse en la cama.

Me despojo de la ropa del día, la cambio por un pijama que por lo menos no parece ridículo. Ya me gustaría que tuviera otra cosa dibujada en vez de rayitas y me tapo en mi camita. Al principio está fría, pero poco a poco me empiezo a encontrar muy a gusto. Se está calentito y ya no tengo que preocuparme por si voy a pasar frío por la noche. Es en ese momento en el que lo más básico está satisfecho cuando empiezo a darte vueltas en mi cabeza. A cómo serás, a cómo hablarás, a como reirás, a como comerás, a cómo respirarás, a como andarás por la calle.

Resulta irónico que piense en esas cosas, que no ensaye mil conversaciones distintas, mil miraras, mil maneras de decir lo mismo, que tía, tú me gustas. Pero no, me preocupo por las cosas básicas porque desde que te conozco ya no soy capaz de hacer mucho más. La ingeniería, eso ni me acuerdo de lo que es. Los trascendentales temas de conversación que habitaban en mi cabeza, están muertos. El vicio por correr por la calle con el coche, desaparecido en combate, quiero perdurar en el tiempo para pensar en estar contigo. Y la lista es infinita y no deja de crecer. Y esto, aunque parezca un tópico es la verdad. En mi cabeza, todo lo que había se ha marchado porque los he echado yo. No quería perder el tiempo con chorradas, solo quiero perder el tiempo contigo.  

lunes, 11 de abril de 2011

Blog 9. La mañana

Ummm el despertador, ya podría haber dormido en el centro de la cama. Estiro el brazo y no, no está ella. Parece que lo he vuelto a soñar, anoche tampoco vino a dormir. Vaya dolor de espalda. ¿Qué hora es? Las 7:30, maldición. Es tarde, no llego al trabajo, otra vez. ¿Y qué día es? Da igual, no es viernes, no hay opción de verla. Bueno me ahorro la gomina, pues. No merece la pena que se me vea el cartón tan pronto.

A ver el desayuno, ya podría haber fregado la puta taza ayer. Esto no puede seguir así. No más guardias en el invento del demonio ese. Maldito Facebook. No sirve más que para perder el tiempo y hacer el ridículo. Hoy no me conecto. Coño, que fría sale el agua. Qué coño pasará con la puta caldera. Aaahh ya sale calentita. Mucho mejor. Bien, perfecto, una taza al microondas. Una sola porque no, ella no vino a dormir. ¿Qué estará haciendo ahora? ¿Vistiéndose? Ummm acabas de levantarte, mal momento para pensar en chicas desnudas. Estará desayunando, sí eso es mejor. ¿Dónde lo hará? Supongo que en el salón, con más gente. ¿Por qué no? Da igual, no lo hace contigo, eso está claro. Es lo de menos. Piensa en otra cosa. ¿Dónde coño están mis cigarrillos? Oh cielos, otro paquete que ha muerto antes de tiempo. Tengo que dejar esta mierda. Ya, pero ella fuma, ella fuma y bebe más que tú. No, no, no, no, yo fumo más. Bebo más, follo más. ¿Qué coño me pasa con el follar? Estoy falto.

La bolsita de té. Tengo que comprar más, no sé si llegarán hasta el viernes. A ver, sí. Sí que llegan. Pero hay que comprar. Lo pongo en la nevera… no. Paso. Tengo prisa. Galletas, tabaco y té. Un desayuno cojonudo. Al baño con ellos, voy tarde joder. Maldición no llego. Puta mierda. Cómo quema el puto té. Ouhh yeah, fumar cagando, esto sí que es el placer supremo. Pero tengo que correr más. Bien, a la ducha, rápido. Ya está el agua caliente. Tranquilo, no hace falta que cierre la puerta, no va a asomarse a mirar. No está. ¿Pero por qué no está? ¿Oh dios, por qué no me quito a esa mujer de la cabeza? Es un calvario. Ya podría quitarla el puto HS. Pero no, no lo hace, quita la puta caspa y pica en los putos ojos. Joder eso lo hace de puta madre. Pero no huele bien, no. No lo hace. Huele mejor el Pantene. Por qué no me lo he echado. Da igual, sería una pérdida de tiempo. Tampoco hoy la veré.

¿Y a qué olerá ella? No sé, seguro que bien. Antes, quizás, debería preguntarme si la oleré. Yo no lo veo claro. Joder macho, pero te estás quedando delgadísimo, eh? Si te viera tu madre… ya ves, pobre mujer, lo que ha tenido que aguantar. Rápido la cuchilla de afeitar. Nooo paso. Que le den por el culo. Además gustamos más con barba macho. Eso de fijo. Luego se quejará, como todas, de que pincho. No sabe lo que quiere. ¿O sí lo sabe? No, si lo supiera estaría aquí, conmigo, estaría porque no sabe lo que se pierde. A vestirse!!

Ropa, ropa, ¡a la cuerda! Culpa del Facebook, llevo meses sin guardar la ropa en el armario. Hoy no me meto, no y no. Esta camiseta está vieja. Ya pero no está rota, se puede poner. ¿Te vas a poner los gallumbos buenos? Ni de coña me los pongo. Esos para el viernes, tengo que verla el viernes. Sí o sí. ¿Y ahora que estará haciendo? Umm, las 8 y pico, saliendo de casa, más o menos, ¿no? Sería lo suyo. Pero a lo mejor se ha quedado dormida. Pagaría por ir a despertarla y verla en pijama, con los ojos pegados. Seguro que aún así está tan fantástica como siempre. No si esto lo acabarás pagando. Así no puedo seguir por la vida. No, no puedo.
Acabaré pagando, pero no sé si con salud o con dinero. Una de putas. Cualquier día. Lo mismo sirve. Si repites con una dicen que te enamoras de ella.

Serviría para sacarla de la cabeza. No te pueden caber dos cosas en ella. Ya, pero de esta no quiero olvidarme. No quiero, no es posible. Es demasiado genial. Calcetines, zapatillas. No botas mejor, todo el día sentado los piececillos se quedan fríos. Puta oficina.

Bien, listos, las llaves, de casa, de la oficina, y del coche, el dinero, la cartera, el MP3 y el teléfono. No tiene mucha batería, ¿cojo el cargador? En el metro no hay cobertura. Cierra la puerta. Al ascensor, ¿dónde coño se ha metido ese aparato de mierda? No pienso bajar andando. No y no. Me dejé el puto cargador. Ya viene. Cómo lo odio. Siempre le faltan dos de las G. Así no hay quién mire el Facebook.  Así no hay quién sepa qué está haciendo. 

sábado, 9 de abril de 2011

El niño del cumpleaños

Hoy es el cumple de un niño que está abandonado en el mundo. Su familia ha huido a podar las estúpidas plantas. Le han comprado cosas caras, bonitas y caras y bonitas. Le han dejado una suculenta tortilla y una estupenda ensalada para que, tranquilamente, fuera a comerla a la casa familiar cuando le apeteciera. Además su familia sabe que tiene una vela en su casa para poder soplarla, pero como todas las tartas tienen cosas asesinas, la soplará sobre una manzana, o quizás una naranja.

Pero esta exquisita celebración no parece alegrar al joven en exceso. Al contrario, se le ve taciturno, apagado, lento, espeso, enfermo…. Y no es para menos, él, que ya no se siente tan niño como dicen que parece, quiere compañía, pero no la de su familia. A ellos los tenía todos los días del año para él sólo, como mucho comparte a sus padres con su hermanito.

Él lo que ansia es a una joven mujer. A una de esas que son imposibles. Pero sólo para él, que es feucho aunque infinitamente talentoso. Es majísimo aunque su voz sonara como la del que tiene que anunciar un puticlub en medio de la calle. También es terriblemente divertido y su brillante risa consigue arrancar una sonrisilla a cualquiera.

Su día está pasando y no ha recibido la llamada ansiada. Ni la va a recibir porque eso no es posible. Porque la otra no le va a hacer ese regalo de cumpleaños. Y no tiene porqué hacerlo.  Pero no se va a pasar la tarde como la mañana, fumando un cigarro detrás de otro y bebiendo una cerveza detrás de otra, esperando. No. Va a salir de fiesta y alegrará esa carita que lleva, porque sabe que no le queda más remedio. Porque sí que hay gente que merece verle ser feliz. Un esfuerzo al año no hace daño y va a pasarlo estupendamente. Y de ese esfuerzo quizás piense que sacará compañía para siempre.

Yo sé que así será. Se divertirá porque como buen dragón no es capaz de estar triste mucho tiempo ni guardar rencor. Tampoco será capaz de esperar para siempre, al contrario, se cansará deprisa y cambiará de quimera cualquier mañana. Más pronto que tarde, descubrirá lo que tantos otros saben. Que no merece la pena sufrir cuando ella mira para otro lado. ¿O es que eso no es verdad?

jueves, 7 de abril de 2011

No se pueden hacer planes. Nunca

Yo no creía en las cosas arregladas entre amigos, pero tú merecías la pena. Fue un día de primavera, hace tantísimos años. Aún era un proyecto de hombre y tú eras una mujer que lo había visto casi todo. Y madre! Qué mujer! La verdad es que pocas veces he visto algo así.

A tú amiga le dijiste “venga vale”. Y ella le dijo a mi amigo que estabas de acuerdo. Yo no era un hombre y no podía decir que no. Más me hubiera valido decirlo, un buen palo me hubiera ahorrado. Pero me sirvió para crecer.

La mañana pasó en el instituto como todas las mañanas, siempre miraba el reloj y quedaban veinte minutos de clase, durante seis clases. Pero había una diferencia. Sabía que a la salida allí estarías, esperándome.

Llegó el gran momento, iba a verte a solas. A solas, yo. Con la mujer más guapa que había visto nunca, o al menos eso me pareció en su momento. Y lo que me podías llegar a poner. No todos los días se tienen 16 años y uno es muy sensible en esa edad a estas cosas.

Bajo la atenta mirada de montones de camaradas, ese viernes, a las 14:30 nos resguardamos en un rincón de aquellos sórdidos soportales. Y comencé a besarte. Es verdad que aún no sabía lo que sé ahora, pero apuntaba maneras y tú no me hacías ascos.

Tú lengua desapareció de tu boca y ella me quitó la mía. Tenía toda la tarde por delante y no tenía ninguna prisa por conocer las profundidades de tú anatomía. Al fin y al cabo, no tendría que volver a casa hasta que me diera la gana. Pero en ese momento de duda y de tener las cosas claras, me dijiste que habías quedado. Qué ingenuo soy! Vernos luego. Eso no iba a pasar y lo sabías.

De todas maneras corrí a mi casa, comí deprisa y volví. Y volví a esperarte donde habíamos quedado. Nunca volviste. Cansado, ya de noche, borracho y triste me marché. El teléfono sonaba camino de casa. Eran ellos, los que nunca fallan, los camaradas. Habías ido. Habías ido mucho más tarde. Mucho, mucho.

Ya no tenía ganas de volver a verte y no fui. Y no fui cuando tuve la oportunidad. Pero maldita suerte, al lunes siguiente ya no estabas allí. Ya no volverías a verme, ya no volvería a verte. ¿Qué fue lo que pasó? Muy sencillo, este mundo no era lo bastante grande para ti y para algún coche que pasaba por la calle.

En el espacio y en el tiempo no puedes coincidir con los que son más grandes y más metálicos que tú. Eras muy fuerte pero él lo era más y se llevo todo aquello que eras tú. Te quitó, me quitó aquella sonrisa pícara de niña traviesa hecha mujer, me quitó esa mirada de ojos verdes, me quitó ese cuerpecillo que tenías y que ansiaba, me quitó esos morritos que ponías cuando fumabas tus cigarrillos, me quitó esas mejillas rojitas que me moría de ganas por acariciar con mis manitas de niño, me quito a ti.

La suerte aún sigue cruzándose en mi camino cada mañana, no como en el tuyo. A saber dónde estás ahora. Perdóname por no haber vuelto, estaba dolido y soy rencoroso. Pero contigo solo iba a serlo aquella noche. Han pasado los días, los meses y los años y cada mañana me gusta acordarme de ti. No tardó en borrarse de mi mente la imagen de decepción que sentía hacía a ti. Y solo dejó mucho cariño. Un cariño que nace de la curiosidad que me quedó por conocerte del todo, de saber que se sentía al acariciar tu finísima piel, de no tener que imaginármelo para siempre. Nunca hubo nada entre ambos, ni lo hubiera habido fuera de aquella tarde. Ya nunca lo habrá porque tú no existes y yo sí existo y, por lo tanto, pertenecemos a mundos diferentes, tú a un pasado y yo a un presente que se acaba de marchar.