lunes, 30 de mayo de 2011

Cansancio

Estoy casando de esperar a que todo vuelva a ser como antes, a que me vuelvas a sonreír como el primer día, a que tus palabras me mimasen tanto como tenían por costumbre, a que tus miradas me hipnotizaran como solían hacerlo.

Cierro los ojos y entiendo que todo eso no volverá. Que soy idiota esperando frente a ti. Algo, seguramente parecido a una catástrofe nuclear, me desalojó de tu lado en tu conciencia y abandonó una sombra de lo que eras en mi mente. Ya no soy capaz de acordarme de ti si no leo las cosas que te decía en los mails nocturnos llenos de premeditación alcohólica.

Me pregunto por qué todos esos sueños que tenía de viajes y aventuras se han infectado de un parásito que solo segrega desconfianza y abono para que nazca la verdad sobre las falsas esperanzas. Esos pajaritos que habitaban solo en mi cabeza que me hacían tan sumamente feliz, esos que no llenaban solamente mis mañanas y mis noches como si fueran entes distintos. No, con sus diminutas patitas tiraban de las mañanas y las arrastraban hasta que besaban a las noches. Convertían ratos maravillosos en días inimitables. ¿Por qué no les echaste el alpiste cuando te pedí que lo hicieras? ¡Yo no podía hacerlo! Se han muerto de hambre.

¿Dónde ha quedado el horizonte aquel infinito que teníamos delante? ¿Por qué se ha convertido en una cuerda tensa que alcanzo a tocar con la mano?

Están muy lejos ya aquellos maravillosos días nocturnos en los que nos saltábamos la hora de ir a la cama para hacer más largo el historial de la conversación, para que no fuera por falta de líneas, para que nadie dijera que no nos conocíamos.

Me miro en el espejo y ya no me parezco a mí, parezco un esqueleto, un moribundo, un rastro, una insinuación de lo que habías llegado a sacar de mí. Todo eso se ha perdido, quizás puedas recuperarlo, bien sabes que eres la única persona que puede hacerlo.

No me gusta lo que veo en ti, antes eras mucho mejor, mucho más alegre, mucho más amable, mucho más generosa. Ahora eres mucho más avara, mucho más borde, mucho más triste, mucho peor.

A la luz de la luna me asomo a un lago y en mi reflejo veo, junto a mi calavera, tu carita, tan lozana como siempre, tan contenta como siempre. Me doy la vuelta y solo me encuentro una loba, tiene hambre y me enseña los dientes. Hoy no tengo más carne en el cuerpo, así que cuando lo entiende se da la vuelta y se va.

Una extraña me está mirando en medio de una cervecería pero no entiendo que querrá de mí. Seguramente sacarme el último jugo que me queda. A lo mejor ni siquiera. Seguramente me vio aparcando, alabará la maestría con la que lo meto en el agujero. Con ese mimo, ese cuidado, ese saber esperar hasta que está a punto de tocarse y alejarse un poco. Y el volver a empezar, un par de veces más. Solo hasta que esté tan dentro que parezca uno con el hueco.

Te escucho decir mi nombre y no me lo creo. Hago bien porque me lo he inventado. Nadie me estaba llamando, en mi cama, en mi casa, estoy yo solo. Nadie más está compartiendo la espera frente a ti. Solamente yo, espero de pie, a que gires la cabeza y me veas. No te asustes cuando lo hagas que, aunque no lo recuerdes ya, ese soy yo. Han cambiado las cosas bastante, pero en el fondo seguro que sabes encontrarme de nuevo.

lunes, 23 de mayo de 2011

La sala de espera del hospital

Llego, tomo asiento y miro con desprecio a los que moribundos que me rodean. Soy claramente mejor que ellos y creo que aún puedo fumar unos años más.

Mas eso no es lo más resultón de todo. No. Lo mejor es que he encendido el Shazam y me dicho que estaba en la sala de espera de un hospital.

Corre que chilla mucho y es un cansao

Ha comenzado la huida a ninguna parte. Poco a poco irán desapareciendo imágenes conocidas para dar paso a otras nuevas y extrañas ante los ojos. Todo está justificado, todo tiene una razón. Hay que dejar de correr en círculos, salir por la tangente y si el sentido es hacia un barranco mejor que mejor. Pero es que todo estaba en llamas, hoy no se podía aprovechar nada de lo que ahí se ha dejado. Correr en busca de otra cosa era la única opción por el momento. Ahora disfrutar del vientecillo y pensar en el camino que hay que recorrer. ¿Quién sabe si de ese camino saldrá algo aprovechable? Lo más probable es que sí que salga algo aprovechable muy pronto. Hoy hay que dejar el vicio, de momento.

Nadie lo puede saber. Pero en las cenizas que se han quedado atrás siempre quedará un rescoldo alegre de la lumbre que iluminaba las noches. Esa lumbre fue rociada con gasolina para ver cuanta luz podía llegar a dar. Fue demasiada claridad y hacía daño en los ojos. Ahora los pobres ven manchitas negras impresas sobre el mundo. Así que no se puede esperar ni un minuto más, hoy es el día para empezar a cuidarse.

Nadie se trajo la gasolina de casa, apareció el bidón flotando por el aire y él solito se inclinó y repartió gasolina sobre el fuego hasta que se vació completamente. No dejaban de ser 5 litros de gasolina pero lo pagaba algún cabrón misterioso. No se sabrá nunca quién fue ese representante del deseo pero hay quien lo puede intuir, muy a pesar de haber abandonado su arma de precisión libre de toda razón para haberse quitado la venda de los ojos y haber atacado premeditadamente. Su inconfundible obra se ve a la legua.

Pero el problema no estaba en que la lumbre se hubiera puesto un poco más brava de la cuenta. El problema era una cuestión de preferencias. No ser capaz de ver la sombra que veía de uno el resto de la lumbre a la luz del fuego es lo que desmadró aquello. Y, claro, como no se podía ver solo quedaba la opción de escuchar lo que te contaban el resto que veían. Pero eso, con el paso de los días, se mostraba tan irreal y falto de espíritu para ser verdad que se pudría.

Las descripciones si son sinceras pueden ser dolorosas; la solución para no mentir y no herir está en que todo sea simétrico. Uno se suelta algo amargo, el otro responde con algo igualmente amargo. Eso sí, las cosas no son ni como son, ni como nos las cuentan, ni como las vemos. Son como las sentimos pero es que el órgano de sentir no mira ni escucha a lo que le rodea. Solo es capaz de chillar como un gorrinillo recién nacido. Así que hacerle entender que las cosas no eran realmente como las leía ha sido complicado.

En el momento en que se calibre, madure, correctamente y sea capaz de sentir las cosas como se crean para él y no como le salga de la polla verlas todo será mejor. Parece una tarea titánica y lo es. Pero se puede simplificar mucho si se le coge de la mano y día a día se le enseña que cuando llega el momento de ver las cosas en su contexto son como se describieron en su día. Simplemente eso, sin excusas.

Eso que es más complicado que correr parece mucho mejor. Obviamente lo es pero es que lejos de ver las cosas materializadas tal cual las describieron, las encontró el pobre completamente al revés y sin explicación alguna. Y el tiempo ha pasado y el pobre está gritando muchísimo porque no entiende tanto “esto no es así”. Es insoportable así que hay que sacarlo de ahí corriendo. Se calmará y aprenderá a saber a qué atenerse y conocer donde está su sitio; que no es ni de lejos el que entendió que ocuparía.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Los sueños molan, pero mola más echar un polvo.

De madrugada, aún cuando el sol no había salido, una pareja viajaba por un puerto de montaña. Aún era de noche, pero quedaba muy poco para que saliera el sol y había que darse mucha prisa, así que él aceleró un poco más. Habían huido de la inmensa urbe para contemplar aquellos acantilados de piedra sobre los que el coche había comenzado a ganar altura muy deprisa. Mientras ella dormía tapada con una manta a su lado, él se encontraba muy espabilado para haber estado conduciendo toda la noche y no podía dejar de pensar en lo feliz que era.

Por fin, la cima del puerto apareció ante sus ojos y el pequeño mirador, tal y como estaba previsto, estaba vacío. Paró suavemente el coche y le dio un besito en la mejilla para que despertara. Así lo hizo y ella le devolvió el beso a él. Bajaron y se sentaron en el suelo apoyados en el coche; tapados con la manta porque aún hacía fresco. Cumplieron el cometido de aquel viaje, vieron salir el sol por encima de las montañas. Pero no tenían ninguna prisa y dejaron que subiera bastante, sin moverse un solo centímetro. Para cualquiera que los hubiera visto parecería una eternidad, pero para ellos no fueron más que unos minutitos. Lo que fue eterno fue el tiempo que tardaron en colocarse, ella acurrucadita sobre él. Él apoyadito sobre ella, rodeándola con su brazo.

Realmente no había mucho silencio, pero era bastante para que no se perdieran ni el más mínimo detalle. Solo se oía el ruido del vientecillo que agitaba las hojas de los árboles del valle, las gotas de aceite que caían calientes dentro del bloque del motor del coche y algún que otro pajarillo. Pero eso no les importaba, es verdad que los ojos estaban ociosos contemplando, pero los oídos tenían cosas que hacer, tenían que escuchar sus latidos, ver si era posible que de una vez fueran como uno solo.

No hubo manera, aquellos dos no podían formar parte de una misma banda de rock. Entre ellos, no solamente no iban a la vez, si no que ni siquiera entre ambos surgía un ritmo duradero. Es verdad que a veces, durante algunos minutos parecía que aquello empezaba a funcionar, pero en seguida se veía que no era más que un espejismo.

Él, desanimado por la realidad, cansado por el esfuerzo de toda una noche en vela, se sintió vencido y le pidió que bajaran al valle, a buscar una cama para dormir. Pero ella le miró muy fijamente a los ojos durante un instante que parecía un siglo y le besó. Así comenzaron a juntarse más aún hasta que echaron un polvo. Y no fue más que eso porque en el ambiente se respiraba el olor de otra persona. No estaba presente pero él lo intuía y ella lo buscaba con cada movimiento, lo llamaba con cada gemido. Cuando terminaron, como siempre, hubo un largo abrazo de rigor, un puñado de besitos y miradas y sonrisas a granel. Pero en el fondo sabían que era hasta ahí a lo más alto que podían aspirar a llegar juntos y que tarde o temprano sería mejor volver al mundo real.

Él, sin la prisa de tener que llegar a tiempo a ningún sitio, descendió hasta el pueblo más cercano con paciencia disfrutando del silencio sepulcral que se había levantado entre los dos. Le permitía pensar con claridad. Paró frente al primer hotelillo más o menos decente que vio.

En la habitación había camas separadas. Pero él que sabía que no tenían mucho más margen de maniobra en la recepción del hotel le dijo a ella: “Échame una mano para juntarlas, nena”. Ni falta que hacía decir nada más. Ambos habían entendido que quizás no podrían juntarse y escuchar una balada perfecta a base de latidos, pero que se querían mucho igualmente y que en el mundo ya hay música suficiente para los dos. Y no dejará de hacerse nueva, nunca. Además, en la mente siempre quedará sitio para imaginarse esa balada perfecta a base de sueños que ninguno había escuchado jamás; por lo que así tampoco están renunciando a absolutamente nada. Ahora bien, de lo que no andaba sobrado el mundo era de personas con las que salir huyendo cualquier día, a cualquier sitio y pasar tan buenos ratos como el de esa mañana, al fin y al cabo se querían (aunque podrían quererse más) y se hacían felices el uno al otro día tras día.

lunes, 16 de mayo de 2011

Qué cabrón!

Aquí conmigo hoy está un tipo que no comprende muchas cosas de las que le pasan a su alrededor. ¿Como a todos no?

Ahora está haciéndome cavilar acerca de las muchachas. Interesante tema para una noche de copas entre caballeros, sin duda. Se cumplen aniversarios importantes, dignos de recordar y llorar pero la verdad es que eso llena bastante más que los hielos las copas. Así que picado por la exquisita conversación, comienza la aventura de conocer una auténtica historia llena de desengaño. Según me va contando va apareciendo sobre el borrador, en algún momento le tendré que dar una vuelta. O no, lo mismo se queda al natural. Ya veremos.

Me cuenta que hace tiempo, bastante tiempo, conoció a una muchacha bastante guapa en algún sitio perdido en mitad de la nada. Para luego reírse de eso de que el amor se encuentra cuando dejas de buscarlo. Ciertamente él hacía como que no lo buscaba. Se pensó de hecho que con su audaz artimaña de no darle importancia al tema había engañado al puto Karma.

Así, como quien no quiere la cosa, le empezó a dedicar muy “desinteresadamente” tiempo a las chorradas esas que le contaba la paisana sobre sus cosas. La verdad es que a veces los tipos damos vueltas muy absurdas para meterla. Con lo fácil que es. Pero bueno, digamos que tuvo un día tonto el pobre y que estas cosas le pueden pasar a cualquiera. Poco a poco su desgracia se iba fraguando a través de diminutas conversaciones al otro lado del tercio. Despacito y con buena letra la muy arpía, que buscaba lo mismo que él, con la salvedad de que no tenía rabo, claro, ya me entendéis; fue poniendo pequeñas dosis de droga en sus palabras. Ni siquiera el aquí de cuerpo presente lo notaba. Pero empezaba a encontrarse raro por las noches en su camita, su edredón de Zipi y Zape ya no le abrigaba tanto. Seguía teniendo frío por las noches, cada vez más intenso. Se levantaba por las mañanas y se daba cabezazos con la pared porque no había soñado con lo que le hubiera gustado. Paraba de trabajar y el muy idiota suspiraba.

Aún, por aquél entonces, no se había molestado en escuchar a sus valientes camaradas que le decían que esa tía era una perra que le estaba haciendo algo. Yo mismo se lo decía a veces. Le decía, ten cuidado. Pero no me hizo ni puto caso. Idiota, ahora me está llorando. Esa droga le había enganchado. Ya no podía hacer mucho más que reconocer que le gustaba. Incluso en público lo hizo. Y, por supuesto, se lo dijo a la mala de la película.

Ella, que sabía leer perfectamente la situación, cambió de marca de cerveza favorita. Dio un salto inmenso y pasó de alguna rubia cualquiera a la Guinness. Ni más ni menos. De la noche al día en una milésima de segundo. Y al cambiar de cerveza, cambio de aspiraciones. Ya no era divertido tomar cervezas con él, no. Era más entretenido leer sus mensajes de buenas noches en su día a día. Mucho más festivo era ver como se acumulaban uno detrás de otro sin posibilidad ni interés en su respuesta. Un día antes de escuchar como sentaba su droga, se habría esmerado durante media hora, si fuese necesario, en darle las buenas noches. Incluso antes de que él lo hiciera.

Eso era porque no había probado lo que estaba degustando ahora. Cómo de bien se lo pasaba viendo al otro correr detrás de ella. Tratarle como un yo-yo, tirarle contra el suelo, sujetarlo de la cuerdecita y en el momento preciso, con un suave movimiento de su (hay que reconocerlo) preciosa muñeca subirlo hasta su mano. Y empezar de nuevo mil veces más. Siempre con el mismo ritual, alguna sonrisa que lo tiraba contra el suelo, pequeños monosílabos que lo distraían mientras daba vueltas y, de repente, un comentario audaz y una promesa con un poco de cariño (del que solo ponen las mujeres malvadas) y vuelta a su mano.

Claro que al final pasó lo que tenía que pasar. Mi querido colega le empezaba a poner ojitos al inmenso cuchillo de cocina que adornaba el cajón de las cucharillas del café. Donde con la frente dolorida de los cabezazos hurgaba para agitar su desayuno. Las venas al fin y al cabo no valían tanto como ella. En su momento me preguntó que quizás es de donde le estaba agarrando. Ya le dije que no. Tranquilos. De ahí no era. Era de los huevos. Pero que no se los cortara tampoco, que le hacían falta para tener barbita de tres días. Así que se comenzó a centrar de salir del círculo vicioso.

Mucho tiempo ha pasado desde que empezó la cosa a ponerse fea de verdad y vivo, pero sin muchas ganas de continuar en ese curioso estado, un día llegó la hora en la que a ella, por fin se le fue la mano y no quedaba energía en el yo-yo para que llegara hasta arriba. Lo cierto es que ella se esmeró en recoger la cuerda, con cariño y con dulzura le apretó suavemente los huevecillos en su manita derecha. Pero estuvo rápido y se escapó de aquello. Es verdad que no podía salir corriendo (joder, por algo se dice aquello de coger por los huevos). También es verdad que a veces, cuando suavemente movía los deditos no quería irse, pero tenía mucha fuerza de voluntad y para demostrarlo, dejó de fumar mientras huía de sus garras.

Al final, fue normalizando la situación, al principio eran cambios muy sutiles, pero poco a poco ella misma se dio cuenta sola de que ya no tenía juguete. Ni siquiera un perrito faldero para dar una patadita de vez en cuando. No. Era una putada. Además comprendió que no se había comportado correctamente. No haberle mostrado realmente su escala de preferencias con una equis roja y muy grande en ella con su sitio lo había estropeado todo. Y comenzó a añorarle porque era muy divertido, entre otras cosas. (Todo esto lo sabe porque una cosa es estar dolido y otra ser orgulloso, al diablo también hay que escucharle).

Ahora ya ni se mirarían si se encontraran por la calle. Es un error, ambos han aprendido la lección y deberían probar de nuevo. El Karma es un cabrón que sabe lo que piensas cuando haces algo. Si no lo tienes en cuenta, su castigo será inmenso. Porque no se conformará con joderte como es habitual. No. Te va a dar por el culo porque le has intentado engañar.

viernes, 13 de mayo de 2011

Declaración de intenciones

A veces cuesta encontrar las palabras adecuadas para decir las cosas importantes. La verdad es que es una lástima, pero es muy común que los medios fallen cuando más se les necesita. Pasa absolutamente con todo. Obviamente, esta no iba a ser una excepción y no tengo muy claro como decirte lo que tienes que saber.

Acostumbrado a intentar, sin éxito, ser elegante, a no decir las cosas violentas directamente pero tampoco a callármelas me siento muy fuera de lugar en esta ocasión. Así que antes de empezar ten en cuenta que lo siento muchísimo porque sé que todo lo que empieza ahora es una putada.

Te quiero. Lo cual no sé si te sorprende o no, eso lo sabes tú. Hoy, ahora, estoy echando el resto sin tener ni una sola carta decente en la mano. Voy con lo puesto a perderlo todo si es necesario. Eso será tú decisión, desde luego yo juego para ganar y si no puede ser, para no perder y quedarme como estoy ahora. Apostar tanto por algo no tan grande, pensarás que es una locura, pero sé que sabrás qué es lo que tienes que hacer a partir de ahora, elegirás bien y yo me quedaré mucho más a gusto. Es evidente que eres mucho más madura que yo y que no perderás los nervios con esto. También sé que cambie lo que cambie mañana serás capaz de arreglar el estropicio que estoy montando hoy. En tus manos lo dejo.

No hubiera dicho esto jamás a esto si no fuera porque creo que tensar la cuerda tanto no me lleva, nos lleva por el buen camino. Pero lo excepcional de las circunstancias no me deja más remedio. He sido un tipo con un mundo muy grande a su alrededor que lo ha gestionado siempre como le ha venido en gana y siempre ha estado encantado con ello. Pero desde que el tiempo ha ido pasando, desde que nos conocimos, poquito a poquito, muy despacio, con mucho cuidado todo se ha ido derrumbando a mi alrededor. Como si de una demolición a cámara superlenta se tratase, todo se ha caído. Las pequeñas y concentradas explosiones han hecho su trabajo y ya no me queda ningún pilar al que agarrarme. Bajo mis pies, el césped ha desaparecido y solo quedan muchos escombros que tendré que reciclar con mucha calma, trocito a trocito.

Me siento alienado por dentro completamente y no sé porqué he permitido esto, pero he perdido ese egoísmo natural que vive en cada uno de nosotros. No quedaba sitio para él en mí. Todo está lleno de ti. Y ahora, sin él, ando vagando por un mundo que ya no me llena nada. Conduzco despacito, me cuido, como bien, bebo menos, haré ejercicio pronto... Inexplicablemente quiero perdurar en el tiempo mucho para seguir disfrutando de ti, aunque no sea como quiero.

Así como están las cosas puedes (tienes que) hacer conmigo lo que quieras porque, sinceramente, ya no puedo cuidarme. La verdad es que eres muy buena y lo harás estupendamente. Esto último no te lo tendría que haber dicho jamás, se les dice a los mejores amigos, no a las partes interesadas. De hecho, cuando te miro así, veo lo jodido de todo esto y alcanzo a entender que pase lo que pase no debemos echarnos a perder por las buenas.

Tú me dirás.

martes, 10 de mayo de 2011

Micropánino al Metropolitano

A veces un simple ruido, un mal gesto, un cambio brusco de temperatura, una bebida caliente, un sabor nuevo, un poco dr ejercicio, un mal día, que haya mucha gente, que haya poca gente, una imagen desagradable o un acorde inquietante son algunas de las cosas que pueden dar pánico.

Sin duda, una de las pocas que lo quitan es un cariñoso abrazo tuyo.

jejejeje, lo siento, no me cabía en twitter.

lunes, 9 de mayo de 2011

Una cartita


Querida mejor amiga:


No me parece correcto haber dejado pasar tanto el tiempo antes de comentarte todo lo que te quiero, nena. Pero no solamente te quiero como se quieren a las muchachas que conoces por internet. Dicho de otra manera, para esparcir por las sábanas la esencia del amor me quedas muy lejos, aunque eso no lo tengo muy claro, supongo que será una cuestión de derroche de recursos. Sino para pasarlo de puta madre comparando la vida con la música creo que vas de vicio y eso es lo importante. 

Qué fácil es coger cariño cuando te sacan de dentro lo mejor que se puede sacar a distancia. Es verdad que no necesariamente es lo más blanco, aromático, esencial, concentrado y lleno de millones de diminutas medias vidas combinables. Pero tiene su aquél. Y, ¡ojo! Que sea fácil no significa que haya sido muy rápido. Más bien al contrario, 84 días largos ha durado de momento y salvo sorpresa durará más aún. 

Según vosotras lo que merece la pena está bien hecho si dura unos 5 minutos. Nosotros lo preferimos que dure alrededor de 3. Bueno, es un problema que no tenemos tú y yo, eh? Desde luego aquí cada uno se corre cuando le viene en gana, que para eso está en su puta casa.

Y retomando, muy burdamente, el tema de que durará más aún nos vamos a ahorrar muchos ratos de paseos moñas por el parque llenos de miraditas y chorradas del palo. A quién le puede gustar esa mierda?

Oh síí!!! Desde luego que son una puta pérdida de tiempo, pudiendo tener los morros ocupados con unos litros bien fresquitos y discusiones acerca de quién puede ser el mejor vocalista del heavy metal sin olvidar el tabaco, quien quiere tener una cosa que te babea, cambia de tamaño y de vez en cuando te escupe, incluso en la boca? Desde luego es mucho mejor aquél plan que tenemos preconcebido. O no? Y esto quiero que me lo digas tú, chata. 

Y la cantidad de ejercicio físico que nos ahorramos al prescindir de los rácanos orgasmos de los amantes. Con lo bien que se está en la calle las noches de verano, que ya va llegando, desperdiciarlas jodiendo en vez de pasarlas en un césped no tiene precio. Por mucho aire acondicionado que sople sobre tantas partes empapadas de lubricante ecológico.

Creo que hemos alcanzado una postura muy razonable con este tema. Y debo felicitarte, porque es gracias a ti. Que a mí me gusta mucho eso de tirar de la cuerda hasta que se rompe. Bueno esta romperse no se rompería, como mucho se pondría del color de una cereza, pero eso tampoco sería muy problemático. Quiero decir, que las cosas podrían ponerse rojas y mojadas un par de horas pero que luego todo sería correcto, que somos mayorcitos, coño! Ahora bien, mejor no tentar a la suerte, que, como he dicho antes, todo está muy bien. 

Con todo este rollo creo que te puedo dar una idea de varias cosas a la vez, no?

Puesto aquí esto, ahora llega el momento de repartir envidias, aunque sea por el mero hecho de que nos ahorremos un pico en gomas ideal para invertir en copas.


Besicos. 

viernes, 6 de mayo de 2011

Bailando baladas sin música


En mitad de una habitación completamente a oscuras un par de personas, cada una con su sexo, retozan en ropa interior sobre la cama. Uno sobre el otro se dedican a morderse los labios, a cambiarse las lenguas, a morderse en el cuello y a acariciar la piel ajena como no lo hacen con la suya.

Cada vez pasan más tiempo pegados, ya no se separan ni para respirar, eso es secundario, lo importante es besar, besar mucho, besar en muchos sitios distintos, chupar la mitad ácida mitad salada piel hasta que la lengua esté completamente seca. Y, por supuesto, volver a empaparla en la boca del otro.

Pero todo esto no se convierte en una rutina, cada ciclo añade una novedad al anterior, unas veces se va más lejos de la estación base, incluso hasta la planta del pie, otras, de repente desaparece otra pieza del conjunto y ya hay cosas nuevas que hacer. Como la vez que aparecen los pezones duros y suaves como guijarros de un río, parece que siempre han sido parte de la boca de él. Lo cierto es que se entienden perfectamente con la presión de su boca, con el esmalte de sus dientes, con las cositas esas que hacen rugosita la lengua. Y, desde luego, con la saliva, ese prodigioso invento del cuerpo que hace que se escurran todos los tipos de la misma piel que habita en un cuerpo.

Las manos de hombre que sujetan ambas tetas las aprietan sucesivas veces. Desde fuera podría parecer que no existe ningún tipo de ritmo, pero todo está perfectamente sincronizado con los ruiditos, con la boca y con las miradas pícaras que se intuyen por el resplandor de las tinieblas en las pupilas. De repente la orquesta hace un descanso, deja lo que estaba haciendo y se pone a descender suave y lentamente, llenando de besos el eje del cuerpo. Solo se detiene para que la curiosa lengua inspeccione el ombligo. Lo hace porque le contaron que ahí se encontrada el centro de gravedad. Ese que da tantos problemas porque el muy mamón se esconde para que los problemas de mecánica no sean evidentes.  Continúa el descenso, a un ritmo mucho más vertiginoso, ya no queda tiempo prácticamente para nada. Solo para quitar el último pedazo de ropa y aprovechar para apreciar las caderas como debe hacerse, como si dejar el rosado sexo al descubierto fuera secundario.

Lo cierto es que podría parecer que aquella parte tan resguardada va a ser objeto de un festín como si de un filete de los gordos se tratase. Pero no, esa no es la intención. Por eso primero toca dar un paseo por la cara interna de los muslos, degustar el calor que se desprende de la inmensa cantidad de sangre acumulada por el cuerpo ahí. Disfrutar del olor único de cada mujer, la memoria que mejor funciona es la que relaciona los recuerdos con los olores. Hay que aprovecharlo, las cosas que son así no se deben olvidar. Pero tampoco es plan de que se duerman ahí, ahora que las cosas se ponen serias.

Por eso él sube lentamente, a besitos, como si se tratase de los pasos de un niño, los va clavando en el suelo, en las ingles. Pero la lengua está impaciente y a veces no sabe esperar de tal manera que comienza a rastrear la húmeda entrada, primero baja por un lado, luego sube por el otro, realiza el camino inverso, se detiene, se asoma a la caverna y poseída completamente empieza a buscar algo, sabe que ahí no está, pero se hace la remolona. ¿Qué urgencia hay? Ninguna, así que cuando está cansada de pasearse se pone, por fin, seria y trepa hasta su compañero. Ni se ven, ni se huelen, ni se oyen. Pero se han sentido, su amigo del alma está impaciente, se ha estirado, se ha endurecido y espera sus caricias.

La lengua comienza con el ritual, empieza tirando de él desde abajo muy suavemente, con mucha dulzura, tapados en la boca, con los dientes resignados a mirar la danza el clítoris y la lengua bailan al ritmo del I believe to my soul. Continúa la lengua moviéndose de un lado a otro, pero no agarra con fuerza, no. Lo hace tan finamente que cualquiera podría decir que son dos amigos que bailan para pasar el rato. Y no paran aunque las orejas empiezan a gritar que esto no puede continuar, que es un infierno, que ella está desesperada, que no se puede ser así.

De tal manera el espectáculo es digno de lástima que él, sin preguntar, sin decir nada, se decide a poner fin a todo aquello. Podría hacerlo de muchas maneras, incorporándose, huyendo, dejando que pase el frío helador de la habitación a la sala de baile. Pero eso sería ser muy cruel, no lo saben, pero esos dos no son amigos, son amantes que se quieren. Así que una pareja de dedos se transforma en brazo ejecutor y entra en la caverna para apretar por debajo. Instantes después, ahogados en una babeante masa, acaban con el circo. Él aún está entendiendo lo que ha pasado, su demencial baile con ella ha terminado con un gritito desolador.

La lengua se marcha hasta la próxima vez. Sin saber cómo, aparece en el cuello. Ahí no le queda más por hacer, así que descansa y observa tranquilamente como en un exquisito abrazo los labios besan el cuello. Y así, agarradita, la pareja piensa pacientemente que esto no ha hecho nada más que empezar.


lunes, 2 de mayo de 2011

La niña que paseaba a su perrito por el parque

¿Cómo se madura? Pues simple, a base de palos.

Esta es la historia de cómo conocí esa verdad. Aún no la he asimilado.

Antes de empezar las clases, durante el verano, no sé ni cuantos años tenía pero iba al parque a pasearme solo con mi bici (ir como un puto loco esquivando niños, mejor dicho. La velocidad es uno de mis vicios). Aún no había visto el anuncio del nuevo disco de AC/DC (Stiff Upper Lip) en la tele, no había conocido nada del mundo y me dedicaba… Bueno era un niño prematuro y me dedicaba a lo que se dedican los de 13, o al menos eso se suele decir. Ya sabéis lo que dicen al respecto.

En esas andaba cuando conocí a, uf, ni me acuerdo de su nombre, da lo mismo. Una niña que se pasaba las tardes por el parque paseando a su perrillo. Como no podía ser de otra manera, en uno de mis veloces vueltas por el parque, su perro (que no quería vivir más) probó a ver si moría bajo mi bici. No lo permití y le obligué vivir con su agonía. Así conocí a su agradecida dueña.

Qué maja la chica. Pasaban los días y me saludaba primero, después charlábamos, al principio un rato, luego toda la tarde (obviamente de gilipolleces, pero no me acuerdo de cuales). Poco a poco me di cuenta de que mi cosita encajaba en la suya, ciertamente, era guapa de cojones, así rubita y con los ojos claritos. Pero en su momento no le di mucha importancia al asunto. Los días fueron pasando y pensaba que qué raras son las niñas, se me acercaba mucho, me echaba miradas raras, de esas que te ponen cara de asombro porque los ojos te dicen que lo que oyes es muy irónico y me tocaba de una forma extraña, tiraba de mí para ver cosas en los rincones del parque y a veces me pegaba un poco, pero tampoco me hacía daño.

El verano acabó y nos despedimos para siempre, pero como se despiden los amigos. No nos hemos vuelto a ver desde aquel día. Pero siempre me acuerdo de que según nos dábamos un par de besos entendí que no era lo correcto. Había errado gravemente y había perdido la oportunidad de crecer y probar cositas nuevas.

La reflexión es que los hombres muchas veces maduramos gracias a las mujeres, será porque los genes nos hacen comenzar la vida con -2 años de edad mental o algo así. El caso es que hay que estar siempre atento a lo que pasa por alrededor y dejar de centrarse en uno mismo (literalmente).