Ha comenzado la huida a ninguna parte. Poco a poco irán desapareciendo imágenes conocidas para dar paso a otras nuevas y extrañas ante los ojos. Todo está justificado, todo tiene una razón. Hay que dejar de correr en círculos, salir por la tangente y si el sentido es hacia un barranco mejor que mejor. Pero es que todo estaba en llamas, hoy no se podía aprovechar nada de lo que ahí se ha dejado. Correr en busca de otra cosa era la única opción por el momento. Ahora disfrutar del vientecillo y pensar en el camino que hay que recorrer. ¿Quién sabe si de ese camino saldrá algo aprovechable? Lo más probable es que sí que salga algo aprovechable muy pronto. Hoy hay que dejar el vicio, de momento.
Nadie lo puede saber. Pero en las cenizas que se han quedado atrás siempre quedará un rescoldo alegre de la lumbre que iluminaba las noches. Esa lumbre fue rociada con gasolina para ver cuanta luz podía llegar a dar. Fue demasiada claridad y hacía daño en los ojos. Ahora los pobres ven manchitas negras impresas sobre el mundo. Así que no se puede esperar ni un minuto más, hoy es el día para empezar a cuidarse.
Nadie se trajo la gasolina de casa, apareció el bidón flotando por el aire y él solito se inclinó y repartió gasolina sobre el fuego hasta que se vació completamente. No dejaban de ser 5 litros de gasolina pero lo pagaba algún cabrón misterioso. No se sabrá nunca quién fue ese representante del deseo pero hay quien lo puede intuir, muy a pesar de haber abandonado su arma de precisión libre de toda razón para haberse quitado la venda de los ojos y haber atacado premeditadamente. Su inconfundible obra se ve a la legua.
Pero el problema no estaba en que la lumbre se hubiera puesto un poco más brava de la cuenta. El problema era una cuestión de preferencias. No ser capaz de ver la sombra que veía de uno el resto de la lumbre a la luz del fuego es lo que desmadró aquello. Y, claro, como no se podía ver solo quedaba la opción de escuchar lo que te contaban el resto que veían. Pero eso, con el paso de los días, se mostraba tan irreal y falto de espíritu para ser verdad que se pudría.
Las descripciones si son sinceras pueden ser dolorosas; la solución para no mentir y no herir está en que todo sea simétrico. Uno se suelta algo amargo, el otro responde con algo igualmente amargo. Eso sí, las cosas no son ni como son, ni como nos las cuentan, ni como las vemos. Son como las sentimos pero es que el órgano de sentir no mira ni escucha a lo que le rodea. Solo es capaz de chillar como un gorrinillo recién nacido. Así que hacerle entender que las cosas no eran realmente como las leía ha sido complicado.
En el momento en que se calibre, madure, correctamente y sea capaz de sentir las cosas como se crean para él y no como le salga de la polla verlas todo será mejor. Parece una tarea titánica y lo es. Pero se puede simplificar mucho si se le coge de la mano y día a día se le enseña que cuando llega el momento de ver las cosas en su contexto son como se describieron en su día. Simplemente eso, sin excusas.
Eso que es más complicado que correr parece mucho mejor. Obviamente lo es pero es que lejos de ver las cosas materializadas tal cual las describieron, las encontró el pobre completamente al revés y sin explicación alguna. Y el tiempo ha pasado y el pobre está gritando muchísimo porque no entiende tanto “esto no es así”. Es insoportable así que hay que sacarlo de ahí corriendo. Se calmará y aprenderá a saber a qué atenerse y conocer donde está su sitio; que no es ni de lejos el que entendió que ocuparía.
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