domingo, 24 de abril de 2011

Circunstancias


Qué bonito ha sido todo mientras ha durado la ignorancia. La verdad es que no hay nada como no saber para ponerle ganas a lo que se hace. Ni de coña ha sido lo más largo, ni de coña ha sido lo más intenso, pero vaya si me lo he pasado bien. Mañana a mañana y noche a noche ha sido muy divertido reconocerse a uno mismo que es exquisito tener a quien dedicarle las minucias del día.

Ahora que todo está dicho, que todo está claro, no entiendo muy bien la razón que hace que no se me pase. Sigo estando contento. Supongo que en desconocer no se pueden poner las mismas ganas que en conocer. Podría ser que ni lo intento, podría ser que no me importa nada, podría ser que estoy acostumbrado a la mierda, podría ser que me gusta vivir de lo que pase por mi cabeza, podría ser que no me vale lo tangible, podría ser que no prefiero tocar. Lo mismo es que prefiero seguir sintiendo algo, malo o bueno, ni idea, pero es algo. La apatía es una mierda.

No está nada claro este tema, al menos no en su sentido completo. Pero sí que hay detalles que están claros. Uno de ellos, sin duda, es que estoy agradecido; es un lujo poder agarrarse al clavo que me quema y eso es gracias a ti que soplas en él para que no me duela mucho. También tengo claro que estoy agradecido porque te fíes de lo que prometo. No lo has dudado y eso da mucha confianza, eso sí que es novedoso en mi vida, eso sí que me hace feliz.

Me has demostrado que el tinglado que tenemos montado es fantástico como estaba ayer (y esta es la segunda cosa que esta clara). Y, encima, hoy estaba mejor aún. Estaba claro que no era corriente pero eso es muy fácil de decir y muy jodido de ver. Si no me has dejado romperlo ayer, hoy da la sensación de que va a durar mucho, mucho. Qué así sea.

Qué fantástico es todo esto, ¿verdad? Mañana nos espera otra brillante velada, quizás nos riamos tanto como hoy. No sé. Pero seguro que estará bien. Gracias por todo morena :)

miércoles, 20 de abril de 2011

La noche

El exquisito sonido de los escapes que rebota en la pared de atrás me revienta los oídos. Ese suave runrún que me acompañaba junto a grandes maestros como Ozzy o Dio se ha convertido en un rugido estruendoso, molesto, llamativo, lleno de diversión.

Un pequeño paseo por la calle me ayuda a aclarar las ideas antes de llegar a casa. El ascensor me enseña que esta noche no estoy contigo. Aiis el día que estés ahí se me va a poner una sonrisilla pícara.

Abro la puerta, enciendo la luz, bajo la intensidad, así es mejor. No es plan de que mis ojos pasen del verde al amarillo también por la noche. Enciendo el router, el ampli, el ordenador,… y allí estás, como todos los días. Ahora viene lo complicado, tengo que hacer un comentario agradable.  Y pienso, lo mismo la incordio, lo mismo está ocupada, lo mismo no está haciendo nada, lo mismo no quiere hablar conmigo, lo mismo molesto, lo mismo está deseosa de que le cuente mi día, lo mismo está hablando con otro. Con otro que le gusta más que yo. No lo sé. Al lío.

No sé porqué me quitan el sueño estas cosas, realmente qué importa si después de todo este tiempo no hemos ido por ahí. Lo mismo no merece la pena insistir. Pero con la tontería van pasando las horas, se empieza hacer tarde y ninguno de los dos nos vamos a dormir. La conversación se alarga y poco a poco pasa de los temas más banales a los más personales. Sin remedio todas las noches son así. Llega la hora de meterse en la cama.

Me despojo de la ropa del día, la cambio por un pijama que por lo menos no parece ridículo. Ya me gustaría que tuviera otra cosa dibujada en vez de rayitas y me tapo en mi camita. Al principio está fría, pero poco a poco me empiezo a encontrar muy a gusto. Se está calentito y ya no tengo que preocuparme por si voy a pasar frío por la noche. Es en ese momento en el que lo más básico está satisfecho cuando empiezo a darte vueltas en mi cabeza. A cómo serás, a cómo hablarás, a como reirás, a como comerás, a cómo respirarás, a como andarás por la calle.

Resulta irónico que piense en esas cosas, que no ensaye mil conversaciones distintas, mil miraras, mil maneras de decir lo mismo, que tía, tú me gustas. Pero no, me preocupo por las cosas básicas porque desde que te conozco ya no soy capaz de hacer mucho más. La ingeniería, eso ni me acuerdo de lo que es. Los trascendentales temas de conversación que habitaban en mi cabeza, están muertos. El vicio por correr por la calle con el coche, desaparecido en combate, quiero perdurar en el tiempo para pensar en estar contigo. Y la lista es infinita y no deja de crecer. Y esto, aunque parezca un tópico es la verdad. En mi cabeza, todo lo que había se ha marchado porque los he echado yo. No quería perder el tiempo con chorradas, solo quiero perder el tiempo contigo.  

lunes, 11 de abril de 2011

Blog 9. La mañana

Ummm el despertador, ya podría haber dormido en el centro de la cama. Estiro el brazo y no, no está ella. Parece que lo he vuelto a soñar, anoche tampoco vino a dormir. Vaya dolor de espalda. ¿Qué hora es? Las 7:30, maldición. Es tarde, no llego al trabajo, otra vez. ¿Y qué día es? Da igual, no es viernes, no hay opción de verla. Bueno me ahorro la gomina, pues. No merece la pena que se me vea el cartón tan pronto.

A ver el desayuno, ya podría haber fregado la puta taza ayer. Esto no puede seguir así. No más guardias en el invento del demonio ese. Maldito Facebook. No sirve más que para perder el tiempo y hacer el ridículo. Hoy no me conecto. Coño, que fría sale el agua. Qué coño pasará con la puta caldera. Aaahh ya sale calentita. Mucho mejor. Bien, perfecto, una taza al microondas. Una sola porque no, ella no vino a dormir. ¿Qué estará haciendo ahora? ¿Vistiéndose? Ummm acabas de levantarte, mal momento para pensar en chicas desnudas. Estará desayunando, sí eso es mejor. ¿Dónde lo hará? Supongo que en el salón, con más gente. ¿Por qué no? Da igual, no lo hace contigo, eso está claro. Es lo de menos. Piensa en otra cosa. ¿Dónde coño están mis cigarrillos? Oh cielos, otro paquete que ha muerto antes de tiempo. Tengo que dejar esta mierda. Ya, pero ella fuma, ella fuma y bebe más que tú. No, no, no, no, yo fumo más. Bebo más, follo más. ¿Qué coño me pasa con el follar? Estoy falto.

La bolsita de té. Tengo que comprar más, no sé si llegarán hasta el viernes. A ver, sí. Sí que llegan. Pero hay que comprar. Lo pongo en la nevera… no. Paso. Tengo prisa. Galletas, tabaco y té. Un desayuno cojonudo. Al baño con ellos, voy tarde joder. Maldición no llego. Puta mierda. Cómo quema el puto té. Ouhh yeah, fumar cagando, esto sí que es el placer supremo. Pero tengo que correr más. Bien, a la ducha, rápido. Ya está el agua caliente. Tranquilo, no hace falta que cierre la puerta, no va a asomarse a mirar. No está. ¿Pero por qué no está? ¿Oh dios, por qué no me quito a esa mujer de la cabeza? Es un calvario. Ya podría quitarla el puto HS. Pero no, no lo hace, quita la puta caspa y pica en los putos ojos. Joder eso lo hace de puta madre. Pero no huele bien, no. No lo hace. Huele mejor el Pantene. Por qué no me lo he echado. Da igual, sería una pérdida de tiempo. Tampoco hoy la veré.

¿Y a qué olerá ella? No sé, seguro que bien. Antes, quizás, debería preguntarme si la oleré. Yo no lo veo claro. Joder macho, pero te estás quedando delgadísimo, eh? Si te viera tu madre… ya ves, pobre mujer, lo que ha tenido que aguantar. Rápido la cuchilla de afeitar. Nooo paso. Que le den por el culo. Además gustamos más con barba macho. Eso de fijo. Luego se quejará, como todas, de que pincho. No sabe lo que quiere. ¿O sí lo sabe? No, si lo supiera estaría aquí, conmigo, estaría porque no sabe lo que se pierde. A vestirse!!

Ropa, ropa, ¡a la cuerda! Culpa del Facebook, llevo meses sin guardar la ropa en el armario. Hoy no me meto, no y no. Esta camiseta está vieja. Ya pero no está rota, se puede poner. ¿Te vas a poner los gallumbos buenos? Ni de coña me los pongo. Esos para el viernes, tengo que verla el viernes. Sí o sí. ¿Y ahora que estará haciendo? Umm, las 8 y pico, saliendo de casa, más o menos, ¿no? Sería lo suyo. Pero a lo mejor se ha quedado dormida. Pagaría por ir a despertarla y verla en pijama, con los ojos pegados. Seguro que aún así está tan fantástica como siempre. No si esto lo acabarás pagando. Así no puedo seguir por la vida. No, no puedo.
Acabaré pagando, pero no sé si con salud o con dinero. Una de putas. Cualquier día. Lo mismo sirve. Si repites con una dicen que te enamoras de ella.

Serviría para sacarla de la cabeza. No te pueden caber dos cosas en ella. Ya, pero de esta no quiero olvidarme. No quiero, no es posible. Es demasiado genial. Calcetines, zapatillas. No botas mejor, todo el día sentado los piececillos se quedan fríos. Puta oficina.

Bien, listos, las llaves, de casa, de la oficina, y del coche, el dinero, la cartera, el MP3 y el teléfono. No tiene mucha batería, ¿cojo el cargador? En el metro no hay cobertura. Cierra la puerta. Al ascensor, ¿dónde coño se ha metido ese aparato de mierda? No pienso bajar andando. No y no. Me dejé el puto cargador. Ya viene. Cómo lo odio. Siempre le faltan dos de las G. Así no hay quién mire el Facebook.  Así no hay quién sepa qué está haciendo. 

sábado, 9 de abril de 2011

El niño del cumpleaños

Hoy es el cumple de un niño que está abandonado en el mundo. Su familia ha huido a podar las estúpidas plantas. Le han comprado cosas caras, bonitas y caras y bonitas. Le han dejado una suculenta tortilla y una estupenda ensalada para que, tranquilamente, fuera a comerla a la casa familiar cuando le apeteciera. Además su familia sabe que tiene una vela en su casa para poder soplarla, pero como todas las tartas tienen cosas asesinas, la soplará sobre una manzana, o quizás una naranja.

Pero esta exquisita celebración no parece alegrar al joven en exceso. Al contrario, se le ve taciturno, apagado, lento, espeso, enfermo…. Y no es para menos, él, que ya no se siente tan niño como dicen que parece, quiere compañía, pero no la de su familia. A ellos los tenía todos los días del año para él sólo, como mucho comparte a sus padres con su hermanito.

Él lo que ansia es a una joven mujer. A una de esas que son imposibles. Pero sólo para él, que es feucho aunque infinitamente talentoso. Es majísimo aunque su voz sonara como la del que tiene que anunciar un puticlub en medio de la calle. También es terriblemente divertido y su brillante risa consigue arrancar una sonrisilla a cualquiera.

Su día está pasando y no ha recibido la llamada ansiada. Ni la va a recibir porque eso no es posible. Porque la otra no le va a hacer ese regalo de cumpleaños. Y no tiene porqué hacerlo.  Pero no se va a pasar la tarde como la mañana, fumando un cigarro detrás de otro y bebiendo una cerveza detrás de otra, esperando. No. Va a salir de fiesta y alegrará esa carita que lleva, porque sabe que no le queda más remedio. Porque sí que hay gente que merece verle ser feliz. Un esfuerzo al año no hace daño y va a pasarlo estupendamente. Y de ese esfuerzo quizás piense que sacará compañía para siempre.

Yo sé que así será. Se divertirá porque como buen dragón no es capaz de estar triste mucho tiempo ni guardar rencor. Tampoco será capaz de esperar para siempre, al contrario, se cansará deprisa y cambiará de quimera cualquier mañana. Más pronto que tarde, descubrirá lo que tantos otros saben. Que no merece la pena sufrir cuando ella mira para otro lado. ¿O es que eso no es verdad?

jueves, 7 de abril de 2011

No se pueden hacer planes. Nunca

Yo no creía en las cosas arregladas entre amigos, pero tú merecías la pena. Fue un día de primavera, hace tantísimos años. Aún era un proyecto de hombre y tú eras una mujer que lo había visto casi todo. Y madre! Qué mujer! La verdad es que pocas veces he visto algo así.

A tú amiga le dijiste “venga vale”. Y ella le dijo a mi amigo que estabas de acuerdo. Yo no era un hombre y no podía decir que no. Más me hubiera valido decirlo, un buen palo me hubiera ahorrado. Pero me sirvió para crecer.

La mañana pasó en el instituto como todas las mañanas, siempre miraba el reloj y quedaban veinte minutos de clase, durante seis clases. Pero había una diferencia. Sabía que a la salida allí estarías, esperándome.

Llegó el gran momento, iba a verte a solas. A solas, yo. Con la mujer más guapa que había visto nunca, o al menos eso me pareció en su momento. Y lo que me podías llegar a poner. No todos los días se tienen 16 años y uno es muy sensible en esa edad a estas cosas.

Bajo la atenta mirada de montones de camaradas, ese viernes, a las 14:30 nos resguardamos en un rincón de aquellos sórdidos soportales. Y comencé a besarte. Es verdad que aún no sabía lo que sé ahora, pero apuntaba maneras y tú no me hacías ascos.

Tú lengua desapareció de tu boca y ella me quitó la mía. Tenía toda la tarde por delante y no tenía ninguna prisa por conocer las profundidades de tú anatomía. Al fin y al cabo, no tendría que volver a casa hasta que me diera la gana. Pero en ese momento de duda y de tener las cosas claras, me dijiste que habías quedado. Qué ingenuo soy! Vernos luego. Eso no iba a pasar y lo sabías.

De todas maneras corrí a mi casa, comí deprisa y volví. Y volví a esperarte donde habíamos quedado. Nunca volviste. Cansado, ya de noche, borracho y triste me marché. El teléfono sonaba camino de casa. Eran ellos, los que nunca fallan, los camaradas. Habías ido. Habías ido mucho más tarde. Mucho, mucho.

Ya no tenía ganas de volver a verte y no fui. Y no fui cuando tuve la oportunidad. Pero maldita suerte, al lunes siguiente ya no estabas allí. Ya no volverías a verme, ya no volvería a verte. ¿Qué fue lo que pasó? Muy sencillo, este mundo no era lo bastante grande para ti y para algún coche que pasaba por la calle.

En el espacio y en el tiempo no puedes coincidir con los que son más grandes y más metálicos que tú. Eras muy fuerte pero él lo era más y se llevo todo aquello que eras tú. Te quitó, me quitó aquella sonrisa pícara de niña traviesa hecha mujer, me quitó esa mirada de ojos verdes, me quitó ese cuerpecillo que tenías y que ansiaba, me quitó esos morritos que ponías cuando fumabas tus cigarrillos, me quitó esas mejillas rojitas que me moría de ganas por acariciar con mis manitas de niño, me quito a ti.

La suerte aún sigue cruzándose en mi camino cada mañana, no como en el tuyo. A saber dónde estás ahora. Perdóname por no haber vuelto, estaba dolido y soy rencoroso. Pero contigo solo iba a serlo aquella noche. Han pasado los días, los meses y los años y cada mañana me gusta acordarme de ti. No tardó en borrarse de mi mente la imagen de decepción que sentía hacía a ti. Y solo dejó mucho cariño. Un cariño que nace de la curiosidad que me quedó por conocerte del todo, de saber que se sentía al acariciar tu finísima piel, de no tener que imaginármelo para siempre. Nunca hubo nada entre ambos, ni lo hubiera habido fuera de aquella tarde. Ya nunca lo habrá porque tú no existes y yo sí existo y, por lo tanto, pertenecemos a mundos diferentes, tú a un pasado y yo a un presente que se acaba de marchar.  

La censura del cariño

Desde luego que esto decepciona muchísimo. El respeto que te tengo ha violado  la identidad del blog y no podré contar al mundo, como me hubiera gustado, lo que pasó. Una lástima; algún día superarás tus vergüenzas y verás que fue lo bastante divertido y lo bastante bonito para que el mundo entero lo sepa. Y si alguien se queja al respecto será por la pura envidia que da la diversión ajena. Hay gente para todo en este mundo, incluso para pelársela con las referencias a mi pija.

Pero bueno, perdona mujer. Está borrado y nadie que cuente para ti lo ha visto, y los que cuentan para mí y no lo han llegado a ver, que sepan que los recompensaré algún día.

Es una lástima que no entiendas como yo que las cosas hay que contarlas. Incluso para aquellos que no se crean aquello que una vez dije. A saber: “El sexo, el amor y el cariño, son tópicos y cada uno los vive a su manera, pero no hay tanta diferencia”. Pues eso, que nadie se tiraría de los pelos por leer algo normal entre gente sana. 

miércoles, 6 de abril de 2011

Ella y él. Tercera parte, no hay ellos, si eso ambos

- Deja de mirarte en el espejo del baño. Por fin ha llegado el gran día. Los días pasaban y parecía que no llegaría nunca El Gran Día. Desde hace eones has estado soñando con verla, independientemente de todo lo mal que lo has pasado esperando horas a que te dijera un “hola”, esperando días a confiar el uno en el otro.  Además parece que esto va a ser muy serio esta noche. Habrá eventos clasificados de por vida junto con miradas cómplices y sonrisas pícaras.
Te has vestido para la ocasión, el pelo colocado para no defraudar, vas muy guapo con esos pantalones que tan bien te quedan. Llevas esa camiseta que sabes que te queda estrecha. Has lavado el coche, te has perfumado y has recogido la casa. Esto tiene que acabar bien sí o sí. Pero no me has contado qué vas a decir.

- Amigo mío, es un problema en el que he estado pensando mucho tiempo y acabo de resolverlo. He llegado a la conclusión de que no habrá “eventos clasificados” como dices. Esto va a ser mejor todavía porque la realidad superará tus ridículas elucubraciones sexuales, maldito enfermo. He decidido que voy a salir a pasarlo bien, a divertirme, a beber cerveza, a fumar tabaco y a escuchar guitarras. ¿Sabes por qué? Pues porque quiero que sea mi amiga. Qué ridículo te sonará esto. Pero no lo es y tiene sentido, sentido para cualquiera que sepa lo que merece la pena. Vamos a salir y no le voy a tener que preguntar si quiere ser mi amiga, que es lo que me pide mi cuerpecillo. Jamás había conocido a nadie parecido a ella; porque tiene la manía de pillarme siempre en cualquier trivialidad; porque ella lo sabe todo; porque aunque cada uno tiene sus vicios, creo que compartimos muchos y los que no compartimos podemos enseñárselos el uno al otro; porque no existe el compromiso del “me gustas”, porque no va a poder existir nunca porque solo sirve para que dos se rocen; porque aunque he tenido mil tentaciones de soltarlo, en realidad no era verdad, porque no podía ser verdad porque no me tomé la molestia de mirarla aquella milésima de segundo que pasamos uno frente al otro; porque no me importa la pinta que tenga; porque creer en aquello de “lo que tenga que pasar que pase” es para aquellos que están desesperados por tener sueños y a ambos nos sobran; porque lo correcto es creer en “que no tenga que pasar nada” más que un tercio tras otro que es con lo que mejor lo vamos a pasar. Y si algún día se tropieza y me caigo encima será un accidente. Y como tenemos el vicio de hablar claro nos preguntaremos quien se levantará primero para ayudar al otro, o decidiremos quedarnos en el suelo, la opción existe porque soy Uno y ella es Una y como cualquier conjunto constituido por estos elementos, se caracteriza porque Uno encaja en Una pero no necesariamente Uno y Una tienen porqué encajarse. Uno y Una también pueden ser amigos aunque los de la panda del “lo que tenga que pasar que pase” no se lo crean.
Me voy a quitar estas pintas y a ponerme mi ropa de todos los días. Que, seguro que por todo eso, es como acierto.

- Es algo surrealista. Ponlo en el fuckyeahdementia “dementia and nonsense for the masses” que es su sitio.

- De eso nada amigo, es muy realista. Ya te encargas tú de escribirlo en tu blog para que lo lea y se dé por aludida. Así publicas algo de verdad y no imaginaciones tuyas, rídiculas, sin sentido y atiborradas de chorradas. 

- Si no me queda más remedio…

- Qué majo eres!