lunes, 2 de mayo de 2011

La niña que paseaba a su perrito por el parque

¿Cómo se madura? Pues simple, a base de palos.

Esta es la historia de cómo conocí esa verdad. Aún no la he asimilado.

Antes de empezar las clases, durante el verano, no sé ni cuantos años tenía pero iba al parque a pasearme solo con mi bici (ir como un puto loco esquivando niños, mejor dicho. La velocidad es uno de mis vicios). Aún no había visto el anuncio del nuevo disco de AC/DC (Stiff Upper Lip) en la tele, no había conocido nada del mundo y me dedicaba… Bueno era un niño prematuro y me dedicaba a lo que se dedican los de 13, o al menos eso se suele decir. Ya sabéis lo que dicen al respecto.

En esas andaba cuando conocí a, uf, ni me acuerdo de su nombre, da lo mismo. Una niña que se pasaba las tardes por el parque paseando a su perrillo. Como no podía ser de otra manera, en uno de mis veloces vueltas por el parque, su perro (que no quería vivir más) probó a ver si moría bajo mi bici. No lo permití y le obligué vivir con su agonía. Así conocí a su agradecida dueña.

Qué maja la chica. Pasaban los días y me saludaba primero, después charlábamos, al principio un rato, luego toda la tarde (obviamente de gilipolleces, pero no me acuerdo de cuales). Poco a poco me di cuenta de que mi cosita encajaba en la suya, ciertamente, era guapa de cojones, así rubita y con los ojos claritos. Pero en su momento no le di mucha importancia al asunto. Los días fueron pasando y pensaba que qué raras son las niñas, se me acercaba mucho, me echaba miradas raras, de esas que te ponen cara de asombro porque los ojos te dicen que lo que oyes es muy irónico y me tocaba de una forma extraña, tiraba de mí para ver cosas en los rincones del parque y a veces me pegaba un poco, pero tampoco me hacía daño.

El verano acabó y nos despedimos para siempre, pero como se despiden los amigos. No nos hemos vuelto a ver desde aquel día. Pero siempre me acuerdo de que según nos dábamos un par de besos entendí que no era lo correcto. Había errado gravemente y había perdido la oportunidad de crecer y probar cositas nuevas.

La reflexión es que los hombres muchas veces maduramos gracias a las mujeres, será porque los genes nos hacen comenzar la vida con -2 años de edad mental o algo así. El caso es que hay que estar siempre atento a lo que pasa por alrededor y dejar de centrarse en uno mismo (literalmente).

No hay comentarios:

Publicar un comentario