El exquisito sonido de los escapes que rebota en la pared de atrás me revienta los oídos. Ese suave runrún que me acompañaba junto a grandes maestros como Ozzy o Dio se ha convertido en un rugido estruendoso, molesto, llamativo, lleno de diversión.
Un pequeño paseo por la calle me ayuda a aclarar las ideas antes de llegar a casa. El ascensor me enseña que esta noche no estoy contigo. Aiis el día que estés ahí se me va a poner una sonrisilla pícara.
Abro la puerta, enciendo la luz, bajo la intensidad, así es mejor. No es plan de que mis ojos pasen del verde al amarillo también por la noche. Enciendo el router, el ampli, el ordenador,… y allí estás, como todos los días. Ahora viene lo complicado, tengo que hacer un comentario agradable. Y pienso, lo mismo la incordio, lo mismo está ocupada, lo mismo no está haciendo nada, lo mismo no quiere hablar conmigo, lo mismo molesto, lo mismo está deseosa de que le cuente mi día, lo mismo está hablando con otro. Con otro que le gusta más que yo. No lo sé. Al lío.
No sé porqué me quitan el sueño estas cosas, realmente qué importa si después de todo este tiempo no hemos ido por ahí. Lo mismo no merece la pena insistir. Pero con la tontería van pasando las horas, se empieza hacer tarde y ninguno de los dos nos vamos a dormir. La conversación se alarga y poco a poco pasa de los temas más banales a los más personales. Sin remedio todas las noches son así. Llega la hora de meterse en la cama.
Me despojo de la ropa del día, la cambio por un pijama que por lo menos no parece ridículo. Ya me gustaría que tuviera otra cosa dibujada en vez de rayitas y me tapo en mi camita. Al principio está fría, pero poco a poco me empiezo a encontrar muy a gusto. Se está calentito y ya no tengo que preocuparme por si voy a pasar frío por la noche. Es en ese momento en el que lo más básico está satisfecho cuando empiezo a darte vueltas en mi cabeza. A cómo serás, a cómo hablarás, a como reirás, a como comerás, a cómo respirarás, a como andarás por la calle.
Resulta irónico que piense en esas cosas, que no ensaye mil conversaciones distintas, mil miraras, mil maneras de decir lo mismo, que tía, tú me gustas. Pero no, me preocupo por las cosas básicas porque desde que te conozco ya no soy capaz de hacer mucho más. La ingeniería, eso ni me acuerdo de lo que es. Los trascendentales temas de conversación que habitaban en mi cabeza, están muertos. El vicio por correr por la calle con el coche, desaparecido en combate, quiero perdurar en el tiempo para pensar en estar contigo. Y la lista es infinita y no deja de crecer. Y esto, aunque parezca un tópico es la verdad. En mi cabeza, todo lo que había se ha marchado porque los he echado yo. No quería perder el tiempo con chorradas, solo quiero perder el tiempo contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario