jueves, 31 de marzo de 2011

Ella y él. Segunda parte Ella.

-  ¡Soy demasiado buena! Ahora aguantar a este hasta que me vaya a la cama… Se cree que su obra está internet, ha empezado con pico y pala y no para. La verdad es que no me debería molestar en contestarle; al fin y al cabo no lo vale. No para, está empeñado en darme conversación, qué se le pasará por la cabeza. No sabe que hay más, que él no vale, que él no es para mí porque su vida no entiende la mía. No para, no deja de enseñarme que es poca cosa. Pero hay que tener educación, contestar como mínimo, ser correcta al menos. Vamos, al lío. Umm un “qué tal?” Bueno, pues toma, un “bien”.

-  Podrías no responderle, al fin y al cabo, ¿qué te importa?

-  Ya pero no sé… Podría, podría, pero no sé. Tengo lío en la cabeza, la verdad es que cuando no tengo nada que hacer, algo de compañía sí que me hace. No es un tipo grosero, no es un tipo desagradable. Lo cierto es que es bastante majo. Se interesa por lo que le cuento…

-  Espera, ¿pero tú le cuentas cosas?

- Si, a veces. Escucha y siempre responde algo amable, con sentido. Además presta atención a lo que le digo…

-  Pero tienes a otros que te hacen caso, no es necesario tenerle a él de… comodín. No hace nada del otro mundo, la verdad, eso cualquier adulto lo hace.

-  Tampoco pienses que a los que quiero me hacen mucho caso. Puedo permitirme el lujazo de llamarles cuando me da la gana, puedo hacerlo. Puedo hacer que vengan, incluso arrastrándose. Pero en el fondo no caminan a mi lado nunca. No está cerca para escucharme, no está cerca para achucharme. Vienen, cumplen y se van.

-   Uf eso es muy frustrante. Mujer no lo entiendo. Tampoco te digo que te vayas con él, pero los tuyos, no te dan lo que pides. Estáis en posiciones parecidas, ¿no crees?

- jajaja, ¿y quién ha dicho que no vaya a acabar con él? No está nada mal y es encantador. No es lo mismo, no lo es. No es parecido. Y no he dicho que no esté a gusto como estoy. De hecho me siento bastante llena.

-   ¿Tú crees? A mí no me lo parece tanto. No deberías ser cruel con él. Déjale marchar, dile algo. Aunque sea, enfádale. O no le digas nada, pasa de él. Es razonable, él ni recuerda donde os encontrasteis. Sobrevivirá de fijo.

-   En el fondo no me apetece eso. No sé, pero a veces me entran ganas de encontrarme con él. Verle. Sin duda algo tiene ese hombre.

-   ¿Encontrártelo? Ahora el que está hecho un lío soy yo. Aunque sí que es evidente que te tiene ganas.

-   Tú sí que me das lo mismo. Las cosas son así, las ideas fermentan en la cabeza. La cabeza se agita y cuando la cerveza está preparada puede salirse la espuma. No es raro. Ese tipo sabe desnudarme por dentro. Sabe qué tiene que tocarme. La fibra me la busca y ni con todo el tabaco, ni con todo el alcohol, ni con el que deseo de por medio, consigo evitarlo.

-   Será porque tú te dejas.

-   No, no me dejo. Me invade, me desarma, me inunda y lo odio. Llega avasallando y siempre consigue absorberme. Todas las noches, cuando por fin llego a la cama lo pienso. Es un cabrón. Sabe lo que hace. Me quiere llevar a la cama, me va a acabar liando, porque al final nos encontraremos, estaremos un par de horas separados por un par de tercios, mirándonos, aburridos, sin nada más que decir. Nada más que vente a mi casa, podemos tomar el último… Y acabaré yendo, nos perderemos en su cama, bajo su nórdico. Y será algo bueno, la irrespirable atmósfera de exquisito olor, mezcla de licores, de tabacos, de porros y de sexo lo convertirá en íntimo. Pero tengo ganas de hablar con él ahora. ¡Márchate a ahogarte en la mierda vida de otros y déjanos en paz!

-   jajajaja, primero quiero asomarme a la tinieblas del primer día que os encontréis. Esto no va a quedar así.

lunes, 28 de marzo de 2011

Ella y él. Primera parte él

Todos tenemos derecho a soñar como queremos vivir el amor cada noche. Él también. Podría arrojarse a las vías del tren y pedirte que llamaras, podría lanzarse al vacío desde un puente y esperar a que miraras o podría vivir con un sueño dentro de la cabeza. Pero no el vividor, el que sabe que la vida prepara sorpresas interesantes para el que sabe esperar.

Mientras espera, él prefiere soñar. Soñar con el tiempo detenido por completo en ambas bocas, los cuerpos se acercan lentamente, tu pecho contra el suyo, su brazo en tu cintura, tu mano en su nuca, un beso. Sólo es eso. Pero se convierte en uno tras otro, como un cigarrillo. Poco a poco las manos recobran la vida, acarician la ropa que cubre el cuerpo como si no existiera, hace el mismo efecto. Ya nadie quiere separarse. Hay que abrir la puerta de casa, las llaves entran en la cerradura y se abre la puerta, donde simplemente pone E. La cama está deshecha pero poco importa, el nórdico está cerca, con eso sobra.

Acostados uno frente al otro, las manos no han dejado de tocar, tú con las tuyas le agarras con fuerza y ritmo, él bucea con la suya en ti. Mil veces os perdéis por turnos bajo la manta hasta que llega el momento de plantear el fin de la historia. Tú primero, luego él, otra vez tú, otra vez él, los minutos se suceden y aunque no hubo tiempo ni para la música, compartís el mismo ritmo, fundidos tocáis la misma balada. Ni siquiera el olor a cuerpos, a sexo, que envuelve las sábanas presagiaba un final así. A la par un inmenso rayo atraviesa vuestras cabezas, inundándolas de la pesadilla del fin, del sueño del principio de algo. Cada uno lo toca con un color, lo ve con un sonido y lo oye de un tacto. Instantes en los que uno no sabe que le ocurre, pero es capaz de entender al otro. Acabó. El fin ha llegado, abandonados uno en los brazos del otro es inevitable pensar en el futuro. Cada uno con sus sueños, piensa en qué ocurrirá mañana. De momento, no va a ocurrir nada. La noche ha terminado y solo queda tiempo para fumar.

Su sueño se reduce a que te acerques a él, a un gesto de complicidad, de aprecio, una mirada, un roce suave en un ascensor, algún error que desencadene el fin del mundo. Porque inevitablemente el error no llevaría a otro sitio. Pasaría por muchos estados previos de camino al averno, pero ahí acabaría.

La traidora realidad ha deparado una triste sorpresa para él. Porque es verdad que consiguió poner en duda el valor de tus deseos, convertirlos en nada y sembrar uno nuevo, uno pequeñito, uno que te asalta en el último minuto de antes de dormir, es todo lo que puede sacar de ahí. Ya no puede aspirar a más.

Poco hace que te encontró no sabe dónde. Ignoras al resto pero la excepción confirma la regla, a él sí le explicaste que tenías dueños para tus sueños; con todo lujo de detalles le enseñaste que ahí no pintaba nada, que su futuro estaba lejos de ti porque no daba la talla, que tenías otros mejores. Pero estas cosas son caprichosas y la perseverancia del que sueña con el mañana, con el nada que perder y el mucho que ganar no es comparable a tu tozudez. A base de pasar las noches en vela, deseando encontrar la conversación perfecta, consiguió hacerse un huequecito minúsculo en tu inmensa vida saturada con tabaco y alcohol.

Ahí queda eso!

Hola! Aquí tengo un nuevo proyecto. Y ya va a ser el 3º, esta vez he decidido escribir historias de quienes se quieren y se tienen, de quienes se quieren y no se tienen y de quienes se tienen y no se quieren. Es totalmente experimental y opaco, cualquier parecido con la realidad podría o no ser una coincidencia. Aunque nunca personalice en nadie podrás ver mil y una referencias a cosas que te suenen. Es verdad, es normal y no debes preocuparte. El sexo, el amor y el cariño, son tópicos y cada uno los vive a su manera, pero no hay tanta diferencia.