jueves, 30 de junio de 2011

Joder

Pues va a ser que esta vez no ha podido ser. Hasta por lo menos el 2 de septiembre no seré ITI. Demonios. A cambio me he comprado unas gafas nuevas. Y sí, hacen mucho espejo.

viernes, 24 de junio de 2011

La primera batalla

La primera batalla, la enésima más bien, la he perdido. Pero con mi 4,3 iré al infierno de la reclamación donde mi habilidosa lengua dará todo el placer que sea necesario y, colmado de marisco, venceré la guerra.

Ahí queda eso.

martes, 21 de junio de 2011

Corre que no llegas

Las 5 de la tarde de un domingo. Un sol que fundiría el cerebro a cualquiera. Es el momento de montarse en el coche, buscar entre los 7 cds que estan puestos el que contiene más música de Iron Maiden, porque se hace tarde y aunque esté mal había que correr bastante. Además la carretera estaría vacía y se prestaría a ello gustosamente.

Efectivamente, no había ni alma viva en la calle y el coche llegó hasta su destino, desconocido completamente, deprisa y sin incidentes. Para mayor alegría se aparcó justo en frente del punto escogido. Dejé el coche al sol y me bajé a estirar las piernas. Dichosa la camiseta de AC/DC, no es compatible con el verano.

Media hora de paseo rodeando una diminuta plaza entre paradas de autobús al sol, es más que suficiente para todo el verano. Establecido ese punto, el coche arrancó y con más calma llegó hasta la puerta de la oficina. El tiempo no se puede perder dando vueltas a lo tonto.

jueves, 2 de junio de 2011

Al salir del bar

Una calle vacía, muchos coches aparcados a los lados, árboles junto a ellos, la puerta de un bar que cierra y personas que huyen a lo lejos. Dos canallas se quedan rezagados al abrigo de un portal.

Uno busca las llaves de su casa en el bolsillo de la chupa. Mientras pone cara de disimulo. Felicidad. Están ahí, donde las dejó, justo por si las necesita. Menos mal, ha mandado limpiarla, está bastante decentilla. Hay que aprovecharlo.

Comienzan a andar, pasitos cortos, sin prisa, sin intención de llegar a ningún lado. La calle es larga. Ya no se ve a nadie. Un descampado a lo lejos. Un edificio extraño en medio de mediana. La mente puesta en la mano. Al menor roce se aprietan los dedos un poco. Si no se mueve nada dentro, se aprieta un poco más. Ese es el plan. El alcohol viene en su ayuda. Los lanza uno contra el otro.

Hay que cruzar la calle. Maldito semáforo. Son 4 carriles, en mitad de la noche. No pasa nadie, no se oyen coches. Se paran a que se ponga en verde. Esperan pacientemente. Conversa uno frente al otro. Hablan muy bajito. No se oyen y se acercan más. Se cansan de estar parados y cruzan hasta la mediana dos de los carriles. Vuelta a empezar. Esta vez, ya no saben ni qué decir, un par de miraditas, un par de sonrisas de medio lado y ya, por fin, se besan. Lo podrían haber hecho en el puñetero portal.

Comienzan a ahogarse, saben que les van a doler los labios dentro de poco y necesitan parar. Aprovechan el receso para acercar las frentes y cuchichear. El tipo le dice a la otra que su casa está cerca, que vayan a beber. La calle está vacía, no se dicen nada pero cruzan hasta el otro lado.

Le responde que está de acuerdo, pero que tiene que ser una rápida, que tiene que volver a casa pronto para estudiar al día siguiente. El contempla la luna llena y le dice que claro. Los árboles se agitaban con fuerza y tenía pinta de que iba a haber una gran tormenta.

En la puerta de casa, él, muy orgulloso le dice, ven que te enseño la casa. Aquí está el salón. Aquí la cocina. Aquí el baño. Y aquí mi cama. Estoy encantado con ella, es muy cómoda y muy grande. Se sientan los dos, uno junto al otro, en el borde de la cama. Muy muy juntitos se comienzan a mirar. Al principio se besan como con vergüenza, pero poco a poco eso desaparece, la pasión hace presencia en el cuarto y follan como si se acabara el mundo.

Al día siguiente, rato después de que hubiera salido el sol, salen de la cama y desayunan tranquilamente. Se despiden en la boca de metro más cercana y no se vuelven a ver en la vida.