lunes, 30 de mayo de 2011

Cansancio

Estoy casando de esperar a que todo vuelva a ser como antes, a que me vuelvas a sonreír como el primer día, a que tus palabras me mimasen tanto como tenían por costumbre, a que tus miradas me hipnotizaran como solían hacerlo.

Cierro los ojos y entiendo que todo eso no volverá. Que soy idiota esperando frente a ti. Algo, seguramente parecido a una catástrofe nuclear, me desalojó de tu lado en tu conciencia y abandonó una sombra de lo que eras en mi mente. Ya no soy capaz de acordarme de ti si no leo las cosas que te decía en los mails nocturnos llenos de premeditación alcohólica.

Me pregunto por qué todos esos sueños que tenía de viajes y aventuras se han infectado de un parásito que solo segrega desconfianza y abono para que nazca la verdad sobre las falsas esperanzas. Esos pajaritos que habitaban solo en mi cabeza que me hacían tan sumamente feliz, esos que no llenaban solamente mis mañanas y mis noches como si fueran entes distintos. No, con sus diminutas patitas tiraban de las mañanas y las arrastraban hasta que besaban a las noches. Convertían ratos maravillosos en días inimitables. ¿Por qué no les echaste el alpiste cuando te pedí que lo hicieras? ¡Yo no podía hacerlo! Se han muerto de hambre.

¿Dónde ha quedado el horizonte aquel infinito que teníamos delante? ¿Por qué se ha convertido en una cuerda tensa que alcanzo a tocar con la mano?

Están muy lejos ya aquellos maravillosos días nocturnos en los que nos saltábamos la hora de ir a la cama para hacer más largo el historial de la conversación, para que no fuera por falta de líneas, para que nadie dijera que no nos conocíamos.

Me miro en el espejo y ya no me parezco a mí, parezco un esqueleto, un moribundo, un rastro, una insinuación de lo que habías llegado a sacar de mí. Todo eso se ha perdido, quizás puedas recuperarlo, bien sabes que eres la única persona que puede hacerlo.

No me gusta lo que veo en ti, antes eras mucho mejor, mucho más alegre, mucho más amable, mucho más generosa. Ahora eres mucho más avara, mucho más borde, mucho más triste, mucho peor.

A la luz de la luna me asomo a un lago y en mi reflejo veo, junto a mi calavera, tu carita, tan lozana como siempre, tan contenta como siempre. Me doy la vuelta y solo me encuentro una loba, tiene hambre y me enseña los dientes. Hoy no tengo más carne en el cuerpo, así que cuando lo entiende se da la vuelta y se va.

Una extraña me está mirando en medio de una cervecería pero no entiendo que querrá de mí. Seguramente sacarme el último jugo que me queda. A lo mejor ni siquiera. Seguramente me vio aparcando, alabará la maestría con la que lo meto en el agujero. Con ese mimo, ese cuidado, ese saber esperar hasta que está a punto de tocarse y alejarse un poco. Y el volver a empezar, un par de veces más. Solo hasta que esté tan dentro que parezca uno con el hueco.

Te escucho decir mi nombre y no me lo creo. Hago bien porque me lo he inventado. Nadie me estaba llamando, en mi cama, en mi casa, estoy yo solo. Nadie más está compartiendo la espera frente a ti. Solamente yo, espero de pie, a que gires la cabeza y me veas. No te asustes cuando lo hagas que, aunque no lo recuerdes ya, ese soy yo. Han cambiado las cosas bastante, pero en el fondo seguro que sabes encontrarme de nuevo.

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