- ¡Soy demasiado buena! Ahora aguantar a este hasta que me vaya a la cama… Se cree que su obra está internet, ha empezado con pico y pala y no para. La verdad es que no me debería molestar en contestarle; al fin y al cabo no lo vale. No para, está empeñado en darme conversación, qué se le pasará por la cabeza. No sabe que hay más, que él no vale, que él no es para mí porque su vida no entiende la mía. No para, no deja de enseñarme que es poca cosa. Pero hay que tener educación, contestar como mínimo, ser correcta al menos. Vamos, al lío. Umm un “qué tal?” Bueno, pues toma, un “bien”.
- Podrías no responderle, al fin y al cabo, ¿qué te importa?
- Ya pero no sé… Podría, podría, pero no sé. Tengo lío en la cabeza, la verdad es que cuando no tengo nada que hacer, algo de compañía sí que me hace. No es un tipo grosero, no es un tipo desagradable. Lo cierto es que es bastante majo. Se interesa por lo que le cuento…
- Espera, ¿pero tú le cuentas cosas?
- Si, a veces. Escucha y siempre responde algo amable, con sentido. Además presta atención a lo que le digo…
- Pero tienes a otros que te hacen caso, no es necesario tenerle a él de… comodín. No hace nada del otro mundo, la verdad, eso cualquier adulto lo hace.
- Tampoco pienses que a los que quiero me hacen mucho caso. Puedo permitirme el lujazo de llamarles cuando me da la gana, puedo hacerlo. Puedo hacer que vengan, incluso arrastrándose. Pero en el fondo no caminan a mi lado nunca. No está cerca para escucharme, no está cerca para achucharme. Vienen, cumplen y se van.
- Uf eso es muy frustrante. Mujer no lo entiendo. Tampoco te digo que te vayas con él, pero los tuyos, no te dan lo que pides. Estáis en posiciones parecidas, ¿no crees?
- jajaja, ¿y quién ha dicho que no vaya a acabar con él? No está nada mal y es encantador. No es lo mismo, no lo es. No es parecido. Y no he dicho que no esté a gusto como estoy. De hecho me siento bastante llena.
- ¿Tú crees? A mí no me lo parece tanto. No deberías ser cruel con él. Déjale marchar, dile algo. Aunque sea, enfádale. O no le digas nada, pasa de él. Es razonable, él ni recuerda donde os encontrasteis. Sobrevivirá de fijo.
- En el fondo no me apetece eso. No sé, pero a veces me entran ganas de encontrarme con él. Verle. Sin duda algo tiene ese hombre.
- ¿Encontrártelo? Ahora el que está hecho un lío soy yo. Aunque sí que es evidente que te tiene ganas.
- Tú sí que me das lo mismo. Las cosas son así, las ideas fermentan en la cabeza. La cabeza se agita y cuando la cerveza está preparada puede salirse la espuma. No es raro. Ese tipo sabe desnudarme por dentro. Sabe qué tiene que tocarme. La fibra me la busca y ni con todo el tabaco, ni con todo el alcohol, ni con el que deseo de por medio, consigo evitarlo.
- Será porque tú te dejas.
- No, no me dejo. Me invade, me desarma, me inunda y lo odio. Llega avasallando y siempre consigue absorberme. Todas las noches, cuando por fin llego a la cama lo pienso. Es un cabrón. Sabe lo que hace. Me quiere llevar a la cama, me va a acabar liando, porque al final nos encontraremos, estaremos un par de horas separados por un par de tercios, mirándonos, aburridos, sin nada más que decir. Nada más que vente a mi casa, podemos tomar el último… Y acabaré yendo, nos perderemos en su cama, bajo su nórdico. Y será algo bueno, la irrespirable atmósfera de exquisito olor, mezcla de licores, de tabacos, de porros y de sexo lo convertirá en íntimo. Pero tengo ganas de hablar con él ahora. ¡Márchate a ahogarte en la mierda vida de otros y déjanos en paz!
- jajajaja, primero quiero asomarme a la tinieblas del primer día que os encontréis. Esto no va a quedar así.
Inseguridad al darse cuenta de que en realidad no es él el que depende de ti si no tú la que dependes de él. Y te das cuenta demasiado tarde cuando ya no puedes escapar y todo se ha vuelta un circulo vicioso del que no puedes escapar.
ResponderEliminar